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Carátula de Noche de vino y copas Noche de vino y copas

6

Más allá de los trabajos de Von Trier, Vinterberg, y del cine Dogma en general, en el panorama del cine danés hay espacio para la comedia, como este título. El guionista y director Ole Christian Madsen trae una comedia a la que, sin ser un despliegue de carcajadas, se la puede tildar de simpática y agradable.

Superclásico” (su nombre original) ha sido un éxito en la taquilla de Dinamarca, acaparando además grandes elogios hacia la (ex)pareja protagonista.

El argumento es uno de los más usados internacionalmente en el celuloide: las desavenencias de un matrimonio separado, en donde uno de los dos, en este caso es él, persigue a su mujer para intentar recuperarla. Christian, un hombre cuyo negocio de vinos está a punto de caer en la ruina, viaja desde su Dinamarca natal hasta Argentina, donde ahora reside Anna, su ex mujer y madre de su único hijo, un chaval en plena adolescencia, el introvertido Oscar. Junto con el chico, el hombre toma un vuelo hasta Buenos Aires, y allí comienza una serie de locas situaciones y acontecimientos inesperados para ellos.

Anders W. Berthelsen hace una gran interpretación del desgraciado de Christian, aunque Paprika Steen le supera haciendo de su ex mujer. Jamie Morton, que interpreta al hijo de ambos, se queda un poco más a la sombra, pero debido más a la gracia de los actores argentinos, los causantes de las escenas jocosas de la película, como por ejemplo Sebastián Estevanez, que hace del novio de Anna, y que consigue caer bien al público sin demasiados esfuerzos y con ayuda de escenas caricaturescas.

En ciertos momentos parece tener dos historias separadas, pues los problemas del joven Oscar parecen ir por libre en la mayoría del metraje. La moralina que se saca de su historia, junto con lo que vive este personaje, está un poco alejado del eje central del filme, que es la relación rota de sus padres.

Noche de vino y copas” viene cargada de clichés, empezando con esos despistes del protagonista, que le hacen inmiscuirse en circunstancias peculiares. Veladas en tabernas (y con vino de por medio, cómo no), peleas arquetípicas de pareja, amores repentinos, malentendidos humorísticos,… cosas que ya están muy vistas en la gran pantalla estadounidense. Y por supuesto, debido a su localización, también se ceba con los estereotipos del país, empezando por el tango, que no podía faltar, siguiendo por la Bombonera, o la personalidad de los porteños, y así hasta llegar al final de la cinta.

Como colofón final, habría que recalcar que el film tiene todas las papeletas para ser versionada por Hollywood, con un reparto al estilo Jennifer Aniston y Vince Vaughn como protagonistas. Una pena si la posible adaptación americana se llegase a rodar en un futuro no muy lejano, porque puede llegar a eclipsar a la primera. Y es injusto, porque “Noche de vino y copas”, además de mostrar el encanto de una de las capitales con más personalidad del mundo, hace pasar un buen rato. También hay espacio para alguna pequeña sorpresa, ya que alguno de sus enredos asombrará a más de uno. 
 
Lo mejor: El elenco de personajes secundarios argentinos

Lo peor: Los clichés hacen perder la personalidad de la película, lo que provoca que el espectador se olvide del vino y de las copas.

Nota: 60/100

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Carátula de Un gran equipo Un gran equipo

6

Si se mezclara “Full Monty”, “Días de fútbol”, “Tocando el viento”, “No hay pelotas” y “Bienvenidos al Norte”, aparecería esta divertida comedia, de título original “Les Seigneurs”, una verdadera amalgama de los mencionados títulos europeos. 

Patrick Orbéra ha sido una estrella del futbol, pero en la actualidad está en paro, y junto a sus problemas con el alcohol le han prohibido ver a su hija, cuya custodia recuperará cuando su vida vuelva a la estabilidad requerida. Cuando le sale la oportunidad de entrenar a un equipo de la isla de Molène, en Bretaña, no le queda más remedio que aceptar. Pronto irá a pedir ayuda a ex compañeros suyos, estrellas retiradas del balompié. Y estas pasadas glorias no están mejor que él; con problemas del corazón, reciclados en actores, perseguidos por la justicia, o adictos a los videojuegos,… Cada uno arrastra su propia cruz, pasados los estragos de la fama y la época pletórica que el deporte les dio

Los jugadores se ven enclaustrados en la isla, donde conviven con los lugareños, preocupados por el cierre de su fábrica, y que sólo el futbol puede conseguirles los beneficios necesarios para salvarse de la quiebra.
Olivier Dahan dirige esta historia después de llevar al celuloide la vida de Edith Piaf hace unos años, por la que Marion Cotillard se llevó a casa la estatuilla más codiciada en el cine; y en este momento acaba de terminar de dirigir a Nicole Kidman en “Grace of Monaco”, donde la australiana interpreta a la diva reconvertida en princesa. Pero entre tanto biopic, el realizador trae esta simpática historia con la que pretende llenar salas para que la gente disfrute con una sencilla pero entretenida comedia.

Un gran equipo” es una película fácil que pone una sonrisa en la cara durante toda su proyección. Obviamente no será uno de los títulos del cine galo más recordados, pero es una obra amena que cumple su función. 

El guión
, pese a que algunas de las consecuencias son previsibles, está trabajado y lleva un ritmo que, aunque en algunos momentos presenta un halo de querer conmover al espectador,  tiene ritmo y se sigue bien. Además, hace una brillante crítica y sin claroscuros sobre el mundo que hay detrás del espectáculo del fútbol.

Pero desde luego, la verdadera chispa del filme está en los actores. Intérpretes franceses como Omar Sy (Intocable) y Gad Elmaleh (Medianoche en París) se introducen en un arquetipo de futbolista - el cínico, el bala perdida, el emocionado, el trastornado o el pedante-, y forman un equipo adorable que cae simpático al público pese a sus pasadas vidas llenas de excesos. Y todo bajo el mando del míster Orbéra (José García), que rodeado de semejante panda se limita a entrenarles mientras intenta reformarse, gracias a los aires de la isla y a una bella bretona. Mención especial al gran Jean Reno, todo un lujo verle siempre en la pantalla, aunque sea por solo dos minutos, como es en este caso.

Este trabajo habla de las ilusiones, del salir adelante, de las decepciones, de los principios y de la amistad, bien narrado a veces de forma sutil y otras de manera directa, con los paisajes de Bretaña de fondo. Aunque no se sea forofo del fútbol, o no se sepa lo que es tirar un penalti “a lo Panenka”, se puede disfrutar de esta cinta y de estos personajes, que emanan sinceridad y simpatía de principio a fin.

Gerard Depardieu habrá abandonado Francia, pero la cantera de actores de este país va a seguir manteniendo el pabellón bien alto.

Lo mejor: Gad Elmaleh y su personaje, Rayane Ziani
Lo peor: Es pretenciosamente entrañable
Nota: 65 /100

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Fotografía de Paco
Carátula de The Trip The Trip

7

Michael Winterbottom es de esos realizadores que, como Richard Linklater o Steven Soderbergh, rueda sin descanso alternando proyectos de toda índole y géneros. En su filmografía cabe el western, adaptaciones literarias, el porno o el falso documental pero ninguno tratado de forma convencional. Acercándose al indie sin dejarse catalogar, rodeándose siempre de grandes actores de los que extrae el máximo partido. Y sus experimentos, funcionen o no, son sinónimo de calidad, originalidad y riesgo.

Con tres años de retraso nos llega The trip, episodio piloto de una serie británica dirigida por él mismo en la que los comediantes Steve Coogan y Rob Brydon, interpretándose a sí mismos, recorren el país en ruta culinaria -como en Entre copas con menos alcohol y más gastronomía- dando lugar a una serie de desternillantes diálogos, según parece improvisados en su mayoría.

Una trama mínima en la que la realización de Winterbottom se aleja conscientemente dejando terreno libre a sus actores, más populares en Reino Unido y que ya habían estado a sus órdenes en 24 hour party people y Tristam Shandy. Pensando en ella como una buddy-movie se nota -y se contagia- que ambos actores lo pasaron en grande durante el rodaje, batiéndose en memorables duelos interpretativos a costa de imitaciones de Michael Caine, Sean Connery y otros.

Y en el terreno de la road-movie también hay cabida para tramos amargos. Lo que habría sido un descerebrado viaje de postadolescencia unos años atrás, a la edad de sus cuarentones protagonistas supone el reconocimiento de que la vida ya no tiene vuelta atrás y las consecuencias de nuestras decisiones -hasta para las celebridades como ellos que son invitados allá donde van- ya dejan escaso margen de maniobra.

El resultado del viaje es así es agridulce, lo que eleva esta producción por encima de cualquier comedia de situación televisiva y merece su estreno en salas comerciales. Quedando además patente que, para bien o para mal, la línea que separa lenguaje televisivo y cinematográfico queda cada vez más difusa.

 

Lo mejor: Steve Coogan y Rob Brydon en estado de gracia

Lo peor: Tenerlo todo, aparentemente como sus protagonistas, no es sinónimo de felicidad

Nota: 70/100

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Fotografía de CineAddict
Carátula de Ghost Rider: Espíritu de venganza Ghost Rider: Espíritu de venganza

5 En esta segunda entrega la trama se centra en la liberación del mismísimo hijo del diablo. Los registros como actor de Nicolas Cage quedan, como siempre, bastante limitados en esta película de acción flojilla y con un final predecible.

Seguro que llegan nuevas entregas aunque no es necesario, la verdad.

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Carátula de El ejercicio del poder El ejercicio del poder

7

No hay mejor momento para estrenar esta película. El país vive desde hace dos años enquistado en un descrédito político elevado, agudizado por la crisis económica y propulsado por la corrupción y el desafecto hacia todas las instituciones del Estado. Para arrojar un rayo de esperanza, llega el cine francés, el país donde al menos eligen periódicamente a su Jefe de Estado. Su cine es mucho mejor que el nuestro, en lo otro están mejor, pero tampoco es para tirar cohetes.

El ejercicio del poder desnuda (como en la escena onírica inicial) los entresijos de la política con el protagonismo de un Ministro de Transportes honesto, eficaz y entregado a la causa, a la responsabilidad de su cargo y su acuerdo social con los ciudadanos. Ahora bien, también hay lugar para sembrar las dudas con un sistema entregado a los lobbies, a los intereses del partido y al papel amistoso de los medios de comunicación.

Pierre Schöller rehuye del panfleto y prefiere narrar una historia sobre un hombre honrado, dedicado al mundo de la política, pero humanizado. Bertrand Saint-Jean no es el malnacido privatizador de redes de transportes públicos, sino un padre de familia superado por su vocación, cuyo matrimonio se resiente de ello y un hombre con poca vida social que no tendrá más remedio que encontrar a su mejor amigo en su nuevo chófer.
 
El relato funciona, aunque a veces renquea y acaba siendo un poco reiterativo tanto en sus intenciones como en el tratamiento psicológico del protagonista. Tiene un potentísimo prólogo, un sueño que induce al espectador a crear unas expectativas que luego no se cumplen: no hay incisión ni tantas sutilidades; simplemente, buen hacer y verosimilitud. El inicio es un espejismo, pero lo que viene es notable drama político con un loable guión y una puesta en escena notable (con cotas altas como el accidente de coche).

El ejercicio del poder goza de un excelente reparto encabezado por las brillantes interpretaciones de Olivier Gourmet y Michel Blanc, la cara y la cruz de la vocación política. La introspección del protagonista es lo más interesante de un retrato poliédrico del mundo de la política destinado a complacer al espectador medio ante tanto descrédito de las instituciones. Muy necesaria en estos tiempos. 

Lo mejor: Olivier Gourmet y la escena inicial

Lo peor: Se repite más de lo que debería

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Fotografía de Alain
Carátula de Combustión Combustión

5

El cine español necesita películas que triunfen en taquilla, como todas las cinematografías mundiales. El problema de nuestro cine son los elevados prejuicios de su propio público. En pleno 2013 aún hay que escuchar aquellas dos máximas: "Pero si no parece española" y "Si es española, no la veo". Eso sí, las victorias de Rafa Nadal, Fernando Alonso o el Mundial de Fútbol se celebra como si se acabara el mundo mañana.

Combustión va en ese saco. Una película que mira descaradamente a la taquilla, aunque sería mejor que las historias fueran mucho más potentes y la calidad general respirara más talento y arte. Es decir, este título no es, ni mucho menos, el más indicado para celebrar que la producción cinematográfica del país es buena. Calparsoro se sumerge en el mundo de las carreras de coches ilegales mediante un triángulo amoroso que resulta muy tópico y con un desenlace previsible.

Venciendo estos obstáculos (y la mala pinta que tiene con su tráiler), Combustión funciona como un óptimo entretenimiento gracias a sus buenas escenas de acción, una selección musical excelente y un reparto sólido. Su gran problema es el flojísimo guión que sustenta la historia: personajes mal trazados, situaciones inverosímiles y un desarrollo simple y típico. La historia atrapa, sí, pero no gracias a la (nula) ingeniosidad del guión, sino por el buen hacer de Daniel Calparsoro con la cámara, capaz de lo mejor con la acción.

El director deambula entre el romanticismo del díptico 3 metros sobre el cielo/Tengo ganas de ti (otro guilty pleasure español, aunque Combustión tiene un acabado superior), el desenfrendo de la saga A todo gas y la fotografía y la música de Drive. Está lejos de la excelente película de Nicolas Winding Refn, pero se nota el intento de emular su estética. Del reparto sobresalen Adriana Ugarte y Alberto Ammann (posiblemente, en su mejor interpretación) y Álex González está correcto (mejor disfrutarlo en Alacrán enamorado).

El cine español necesita un gran título un triunfo en taquilla tras los flojos datos de los últimos estrenos. Sería mejor que fuera un producto mucho más redondo y con un guión que no resultara vergonzoso en algunos pasajes. De todos modos, es un aceptable entretenimiento que poco tiene que envidiar a productos hollywoodienses que algunos tanto alaban. 

Lo mejor: La selección musical

Lo peor: El guión

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Fotografía de lbuil
Carátula de Noche de vino y copas Noche de vino y copas

8

Ser abandonado por el amor de tu vida es siempre doloroso, pero si además lo hace para seguir una apoteósica carrera profesional junto al futbolista argentino estrella de del momento, la situación se torna del todo inaguantable. Y esto es precisamente lo que le ocurre a Christian (Anders W. Berthelsen), un danés experto en vinos sumido en una profunda depresión tras la marcha de su esposa Anna (Paprika Steen) a tierras argentinas, persiguiendo su sueño de triunfar como representante de futbolistas. Pero un día, el maltrecho Christian despierta de su pesadilla particular y decide hacer las Américas para recuperar a su amada, en compañía de su hijo adolescente Oscar como fiel escudero. Lo que este valiente danés no sabe es que sus días en Argentina revolucionarán su vida, cambiándola para siempre.

Tras el éxito cosechado con el thriller bélico Flame y Citron (2008), la producción danesa más cara de la historia, el cineasta Ole Christian Madsen prueba ahora suerte con la comedia en Noche de Vino y Copas, una oda al amor perdido y al amor imperturbable, contada en clave humorística. Ambientada en la bella Buenos Aires, la cinta seleccionada por Dinamarca como candidata a los premios Oscar, nos sorprende con pasajes de profundo dolor alternados con desternillantes episodios, fruto del choque cultural entre los valores del protagonista y la sociedad argentina. De hecho, prácticamente desde su comienzo, este film es una concatenación de secuencias hilarantes en las que el intrépido vikingo pone en jaque su dignidad y su hombría tratando de recuperar a su amada.

La película es en sí misma un viaje interior en el que Christian se va redescubriendo de nuevo, siempre ayudado de mucho vino y de singulares personajes argentinos que van apareciendo en el camino y que como él, han experimentado en propia piel la pérdida del amor. Además, Noche de Copas y Vino es una bonita postal de Buenos Aires, en la que no faltan los lugares más emblemáticos de la ciudad ni el fútbol ni el tango.

En alguna ocasión, el largometraje redunda en exceso en el absurdo, como es el caso en que Christian decide retar al mito vivo del fútbol y pareja de su esposa, Juan Díaz, a una tanda de penaltis. Sin embargo, todas las piezas parecen encajar finalmente en este complejo puzle que forjará a un nuevo Christian.

Noche de Vino y Copas es por tanto, una esperanzadora bocanada de aire fresco tras una dura incursión por el purgatorio del desamor, envuelta en risas y numerosas copas, que acompañará al espectador una vez cerrado el telón.

Lo mejor: un protagonista en constante evolución con el que el público empatizará de principio a fin, y unos personajes secundarios argentinos tan espléndidos como complejos, capaces de mostrar su inmensidad en tan sólo unos fotogramas.<

Lo peor: Contados episodios que buscan la risa fácil de un modo un tanto excesivo.

Nota: 8 

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Carátula de On the road (En el camino) On the road (En el camino)

6

Un grupillo de “culturetas”, a finales de los años 40, que hablan prácticamente en verso y que son tan sensibles a lo que les rodea que parece que acaben de resolver a cada instante un nuevo misterio de la vida. Una mezcla entre filósofos y “modernillos”, que dirían hoy algunos. Basada en la novela de Jack Kerouac, con la que comparte título, “On the road” habla de la frustrante y escandalosa vida de unos jóvenes insatisfechos, inconformistas, con ansias de probarlo y de cambiarlo todo. Como siempre, existe un cabecilla, el más loco pero atrayente del grupo, Dean (Garrett Hedlund), la chica guapa con la que todos quieren acostarse, MaryLou (Kristen Stewart), el poeta gay, Carlo Marx (Tom Sturridge) y el desconcertado protagonista (Sal Paradise). La película hace hincapié en los temas principales que se tratan en el libro y que marcaron un estilo en la época: la música jazz, las drogas y la vida bohemia.

El personaje principal y narrador, Sal Paradise es un escritor que deambula por la vida, buscando la inspiración que le ayude a llevar a cabo su obra. Dean, el personaje más hilarante y descabellado. Es quien arrastra al resto y los embarca en un viaje por Estados Unidos y México. Es un largo viaje entre vicios y conocimiento personal (y del resto). La historia que popularizó la ruta 66 por América y que fue símbolo de rebeldía y de rebelión, se queda… como lo diría: pequeña, en la gran pantalla. Walter Salles, el director que cosechó un gran éxito con “Diarios de motocicleta”, adapta el guión de “On the road”, sabiendo que, se convertirá en el blanco de todas las miradas, por la importancia y el punto de inflexión que marcó la obra.

Como decía, el film se queda pequeño ante la imponente presencia de un libro que aún hoy es un ejemplo literario para todos los amantes de la lectura. Se hace larga, y desde el primer momento, el espectador siente que no le está llevando a ninguna parte. Esto ha pasado ya en otras ocasiones, cuando se han adaptado libros al cine; en la mayoría de ocasiones suele resultar un fracaso. En este caso, el hecho de que “On the road” sea un best seller de todos los tiempos sirve de justificación y hace que el público que está sentado en las salas, aburriéndose, perdone los fallos sabiendo que, se está consagrando aún más la obra de Kerouac.

La interpretación de los personajes es floja, no transmiten, no son creíbles. Kristen Stewart tendrá que esperar a una nueva oportunidad para demostrar que puede ser más que la niñita que se enamoró de un vampiro. Sam Riley, que ya obtuvo un papel protagonista en “Control”, donde se metía en la piel del fallecido Ian Curtis, tampoco está muy espléndido en este caso. Tan sólo destaca algo por encima la figura de Garret Hedlund, con su papel de extravagante y aventurero Dean.

El ritmo, y la manera en que se desarrolla la acción hacen que un guión magistral se convierta en dos horas de soporífera ficción, con personajes planos, que aturden al público. No pasa nada, todo es predecible, no esperamos con ansia la próxima gamberrada. Se salva, eso sí, y con bastante buena nota la fotografía, por sus tonos cálidos que ayudan a crear ese ambiente retro.

Lo mejor: Garret Hedlund, Viggo Mortensen y la fotografía

Lo peor: La adaptación del guión, el resto de personajes. Demasiado larga.

Nota: 60

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Carátula de Un lugar donde refugiarse Un lugar donde refugiarse

6

Todos los fans de Lasse Hallström recordarán a Lena Olin blandiendo una sartén y liberándose de su matrimonio opresivo con la ayuda de Juliette Binoche y su chocolate. En Un lugar donde refugiarse, el estreno rosa de la semana, el director sueco vuelve a tocar el tema del maltrato. Esta vez, sin embargo, no lo hace según sus reglas, sino que sigue las del ya consagrado autor de dramas románticos, Nicholas Sparks. Hallström aparca de nuevo su estilo, pues, para presentarnos un film previsible, superficial y romántico que, no obstante, puede ser perfectamente disfrutable para los fans del género y del autor.

Una misteriosa mujer llega al pequeño pueblo costanero de Southport, Carolina del Norte, escapando de un oscuro pasado. Con la intención de empezar de nuevo en un lugar lejos de casa, la chica entablará relación con el dueño de la tienda del pueblo, un viudo con dos hijos que la ayudará a recobrar la confianza consigo misma y con los demás. Su secreto, sin embargo, acabará saliendo a la luz y pondrá a prueba el amor que sienten entre ambos.

El género “sparks” ya es bastante reconocible por ahí donde pasa; empieza a ser incluso un punto de referencia para otras cintas del mismo estilo, como por ejemplo Todos los días de mi vida (Michael Sucsy, 2012). Si buscáramos una definición exacta de este “sparkianismo” seguramente nos saldría una entretenida mezcla de romance pasional, drama, lágrimas, superficialidad, pequeños pueblos encantadores y parejas de actores del más alto “glamour hollywoodiense”. Por las manos de Sparks han pasado Ryan Gosling, Rachel McAdams, Richard Gere, Diane Lane, Channing Tatum, Amanda Seyfried, Zac Efron, Miley Cyrus… Ahora es el turno de Josh Duhamel y Julianne Hough —esta última de moda tras su aparición en Rock of Ages—. La química entre ambos actores, innegable, es de lo más efectiva para la película que nos ocupa, como también lo son la guitarra de Deborah Lurie, la muy correcta fotografía y la selección de canciones para los montajes musicales, otro de los elementos clave de las películas a la “sparkiana”.

En cuanto al contenido de las historias, el autor norteamericano lo ha tocado todo: Alzheimer, cáncer, guerras, relaciones padre-hijo, maltratos, etc. —la mejor, sin duda, la de su primer libro, El cuaderno de Noah—. Lástima que el señor Hallström no haya podido poner aquí un poco de su parte para dar algo más de profundidad al elemento drama—a Lena Olin siempre se la echa de menos—. Con todo, tampoco sería justo no reconocer la corrección del montaje del principio de la cinta, una escena con acertado dinamismo y suspense que después da lugar a, hay que reconocerlo, la misma historia de siempre. ¿Malo? No, siempre que se vaya preparado.

Así pues, mismo esquema, mismos elementos, mismo resultado. En este sentido, Un lugar donde refugiarse no falla y funciona a la perfección como guilty pleasure de la semana al lado de Memorias de un zombie adolescente. Eso sí, a los que no les guste el acompañamiento a la “sparkiana“, que se abstengan de este plato.

Lo mejor: el montaje del principio, el personaje de Cobi Smulders y la química entre los protagonistas.

Lo peor: la superficialidad del relato, en especial el trato del maltrato.

Nota: 6

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Carátula de La venta del paraíso La venta del paraíso

7

Muchas veces aquello que esperamos no sucede como habíamos imaginado, aquello que creemos ser un "paraiso", un lugar mejor, no es más que un espejismo de nuesta imaginación. Algó así debió pensar Aura María, el personaje principal de la nueva película de Emilio Ruiz Barranchina La venta del paraíso.

Ella es una joven immigrante mexicana que llega a España con una maleta llena de sueños, un trauma pasado sin superar y un contrato de trabajo que resulta ser finalmente, una estafa. En el aeropuerto conoce a un peculiar vendedor a domicilio que le ofrecerá su ayuda y alojamiento en la pensión de su amiga Pura un lugar habitado por un variopinto grupo de huéspedes.

El filme es una montaña rusa que sube y baja del drama a la comedia, provocando en el espectador la risa y conmoción a partes iguales. Presenta el tema de la immigración como excusa para retratar una realidad muy actual y un mundo donde a las personas les estan arrebatando sus sueños. La película presenta (sobretodo en la parte estética) muchos símbolos que nos recuerdan a las fabulas o los cuentos fantásticos: una cama de la que nace un árbol, un compositor bohemio que se parece al "sombretero loco"o un malabarista encapuchado, que parece simbolizar la muerte, el temor y que anda tras la protagonista en algunas escenas del filme.

Es posible que esta fusión entre realidad y estética surrealista provoque confusión en el espectador. Debemos entonces fijarnos en el trasfondo de la película, basada sobretodo en la resistencia de los personajes ante la adversidad, como aquellos oficiales rusos hicieron ante los franceses durante la invasión Napoleónica. No es de extrañar que el autor haya hilado la película en torno a la famosa Obertura 1812 de Txaikosvski (ya utilizada en la famosa V de Vendetta, a la que el cineasta hace un homenaje en este filme) que suela con más fuerza que nunca sobretodo al final para resolver y mostrarnos la realidad de cada personaje.

En definitiva una obra original, tanto en la estética como en la interrelación de los personajes, que se presenta como una bofetada merecida a la realidad social que estamos viviendo.

Lo mejor: Originalidad relatada con un buen reparto (es la última película de Mariví Bilbao) con un Juanjo Puigcorbé anti-femenino por excelencia, que aporta chispa y carisma a la película.

Lo peor: La mezcla de la realidad con elementos fantásticos puede despistar al espectador. Aún así no es complicado entender la metáfora o la poesía con la que el filme quiere mostrarnos una realidad que todos conocemos

Nota: 7/10

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