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Su mejor historia
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Crítica de Su mejor historia

Alberto Richart Por Alberto Richart el 12/06/2017 8

La directora danesa Lone Scherfig, responsable de títulos como “Italiano para principiantes” (2000), “Wilbur se quiere suicidar” (2002) o “An education” (2009), vuelve a la pantalla con una propuesta que remite al clasicismo cinematográfico desde una trama reflexiva sobre su propia materia.

Jean Baudrillard ya explicaba, en su estudio sobre Cultura y simulacro de 1978, que la simulación había conseguido suplantar a la misma realidad al representarla en una versión amplificada: la hiperrealidad. En la película de Scherfig podemos identificar los modos en los que la metaficción – la producción de una película dentro de la misma película – replantea las estructuras del mismo film, haciendo que tanto la realidad concebida por la narración como la representación heroica de sus personajes de una etapa de la II Guerra Mundial se confundan sobre el mismo tapiz.

“Su mejor historia” cuenta el ascenso de Catrin Cole (Gemma Arterton), una escritora de viñetas de periódico que, en pleno ataque aéreo sobre Londres por las fuerzas nazis, es contratada como guionista para idear una película bélica que consiga levantar el ánimo del pueblo inglés. La dificultad por encontrar la historia adecuada le llevará a aprender sobre la particularidad engañosa que supone trabajar en una ficción. Por suerte, cuenta con la ayuda de Tom Buckley (Sam Claflin), un consagrado guionista que le ayudará a ampliar su visión de la manipulación cinematográfica.

En el guion de Gabby Chiappe, basado en la novela de Lissa Evans, existe un diálogo interminable que traspasa la veracidad y la ficción a su antojo. Sus personajes – entre ellos Hilliard, el actor entrado en años que todavía piensa que es una gran estrella (Bill Nighy) – fantasean con la película todavía inexistente al mismo tiempo que luchan por sostenerse en pie en un Londres destrozado por las bombas. Lo mejor de todo, es que estos traspasos se contagian en la trama, la cual no reniega su condición de cuento y demuestra que sabe hablar de sí misma, analizarse y seguir ofreciendo un espectáculo agradable. El juego de auto-referencias y su capacidad para permanecer erguida en el cañoneo que se tira a sí misma es, sin duda, lo más interesante del film. Por tanto, dentro de “Su mejor historia” es posible encontrar, ni más ni menos, que tres historias: la de Catrin, la que ella escribe y la del propio film auto-consciente.

No es extraño encontrar en la obra de Scherfig cierta intrusión de la ficción en la realidad y viceversa. En su película “Italiano para principiantes” trató de poner en práctica las normas dictadas por el Dogma 95, las cuales condicionan la estética y materialidad de la obra mediante una artificialidad menor. Por su parte, si “Su mejor historia” peca de un guion tramposo, Scherfig se escuda en que todas las ficciones lo son. Sus personajes se hallan lejos del realismo cotidiano pero gravemente influenciado por ello. Tienen segundas oportunidades que se inscriben fuera del “felices para siempre”, lo que provoca que lo más inverosímil forme parte de una estructura narrativa bien cimentada. El trío Arterton-Claflin-Nighy asegura la fe pasional del espectador al construir (literalmente) una ficción que, además de centrarse en su propio análisis, sabe proporcionar comedia y drama a partes iguales.

Con todo, Scherfig llega a un punto álgido en su filmografía en el que la reflexión sobre la representación termina por afectar a todos los ámbitos de su obra. Sin embargo, si uno se aleja de todo su discurso metafísico podrá encontrar también una agradable historia que glorifica el cine más clásico.

Lo mejor: la cinefilia que respira.
Lo peor: un guion que puede ser entendido como tramposo.

Valoración: 
8