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El problema de la segunda película

El castillo de cristal
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El problema de la segunda película
Crítica de El castillo de cristal

Alain Garrido Por Alain Garrido el 11/10/2017 5

No hay mayor pavor para un artista que el de enfrentarse al segundo trabajo tras una primera obra que despierta mucho entusiasmo. Les pasa a los novelistas, músicos, cineastas. Imagino que a Destin Daniel Cretton le ha pasado exactamente lo mismo tras la magnífica Las vidas de Grace (Short Them 12) que revolucionó el cine indie en 2013, conquistando varios premios. Por esta razón, el joven director hawaiano ha ido a lo seguro con El castillo de cristal, un drama familiar rutinario y producido en serie, que carece de toda idiosincrasia y resulta ser uno más del montón.

Basada en hechos reales, partiendo de las memorias de la propia protagonista, la historia se centra en Jeannette Walls, una joven treintañera de Nueva York que vive alejada de sus padres vagabundos y se promete con un joven lobo de Wall Street. La vida de Jeanette y su personalidad forjada durante años de nómada se desgrana en un sincopado montaje paralelo mediante flashbacks de su niñez y adolescencia, vivida de un lugar a otro de Estados Unidos junto a sus padres y sus tres hermanos. Una familia disfuncional, de abuelos a padres, que arrastran a sus hijos con ellos y suponen una losa en la espalda para los cuatro hijos. Jeannette se sobrepone a ello en su juventud y madurez, pero el pasado siempre regresa.

El principal problema de El castillo de cristal es presentar dos personajes tan despreciables (los padres de la protagonista) y ofrecerles una redención final con la hija (y, por consecuente, con el espectador) con coartada sentimentaloide de fábrica del drama estadounidense tan acomodado. Los hechos reales acontecidos serán los que serán, no se trata de ello, sino de jugar con el público para emocionarle tocando ciertas teclas. El personaje de Jeannette también llega a caer antipático por su soberbia, pero su evolución al menos es mucho más honesta y bien trabajada en su arco argumental. Quizás Daniel Cretton debería haber trabajado con un guion propio.

Los actores logran elevar este flojo drama familiar con Brie Larson a la cabeza. La recientemente oscarizada actriz ya se lucía en Las vidas de Grace y aquí compone un personaje difícil, pero con solvencia más que demostrada. Por su lado, Woody Harrelson es un imán para este tipo de papel y el patriarca alcohólico de esta familia le sienta la mar de bien para demostrar su ilimitado talento. Por último, y sin minusvalorar el notable elenco infantil y juvenil, Naomi Watts está fantástica.

Destin Daniel Cretton ha decepcionado mucho con su segundo trabajo. Ha querido ir a terreno conocido por todos, a complacer al gran público con una historia trivial y narrada sin autoría y repleta de lugares comunes, y ha fracasado el doble. Arriesgar siempre es bueno, aunque falles. Acomodarse tiene un precio más alto si no obtienes una obra competente. El castillo de cristal lo es, sí, pero situada a millas de distancia del anterior trabajo de su director. Es más, parece ser una película hecha para los Oscar y, a día de hoy, parece que ni siquiera vaya a conseguir ese objetivo. 

Valoración: 
5