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La gran C sin lagrimal

No sé decir adiós
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La gran C sin lagrimal
Crítica de No sé decir adiós

Alain Garrido Por Alain Garrido el 17/05/2017 7

Hijos que regresan al hogar familiar, el cáncer como gran enemigo y drama paternofilial. Tres ingredientes nada novedosos, pero a los que el debutante Lino Escalera saca el máximo partido en una historia tan tierna como devastadora por su realismo. No sé decir adiós resalta por encima de propuestas similares por su estupendo elenco y un guion que huye de los convencionalismos y apuesta por una protagonista antipática con la que, a raíz de una minuciosa exploración de sus aristas, es imposible no empatizar.

Carla, la protagonista, vive inmersa desde hace años en una espiral de adicciones, relaciones esporádicas y esclavizándose, a voluntad propia, en el trabajo. Alejada de su familia almeriense y afincada en Barcelona, una llamada de su hermana Blanca cambiará radicalmente su vida: a su padre, con quien tiene una relación tumultuosa, le han diagnosticado un cáncer terminal. No hay segundas opciones. Eso sí, Carla se empeña en buscar una tercera. Quizás la inminente muerte de su padre sea el único modo de salir de la propia muerte en vida.

Precisamente, este paralelismo es uno de los hallazgos del film: el reencuentro familiar como catarsis del porvenir de uno mismo, el acercamiento a la muerte como constatación de una vida a la deriva. Lino Escalera acierta en una puesta en escena austera y en una excelente contención ante un tema tan espinoso como el cáncer. El ejercicio de minimalismo emotivo huyendo de la complaciente lágrima fácil es de aplaudir. Así como un desenlace seco, fuera de campo, sin desgarro, solo con una resignación anunciada.

La película es Carla, cien por cien, y por ello requería una gran actriz detrás. No es una habitual de las pantallas y mucho menos en un rol protagonista, pero Nathalie Poza está espectacular y apunta a figurar, como nominada al menos (y sería firme ganadora), a todos los premios a finales de año. Su atormentada y frágil Carla es uno de los retratos femeninos más convincentes y poliédricos de la temporada. Arropada por la incombustible Lola Dueñas y el veterano Juan Diego, el reparto entero es notabilísimo.

No sé decir adiós es una estimulante y conmovedora ópera prima y, muy probablemente, una de las mejores películas españolas del 2017. De la primera mitad del año, seguro.

Lo mejor: Su contención y Nathalie Poza

Lo peor: Las subtramas del personaje de la hermana

Valoración: 
7