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El esperpento de la alta clase

La alta sociedad (Ma loute)
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El esperpento de la alta clase
Crítica de La alta sociedad (Ma loute)

Alberto Richart Por Alberto Richart el 20/04/2017 7

Una serie de desapariciones están aconteciendo en un paisaje de marismas de la costa francesa. Dos agentes de policía son los encargados de investigar la zona y entrevistarse con los peculiares habitantes que la pueblan. No, no se trata de “La isla mínima”, sino de la nueva película de Bruno Dumont, una fábula surrealista sobre las diferencias entre las clases sociales que bien podría describirse como un cruce entre “Twin Peaks” y “Bienvenidos al Norte”.

Que Bruno Dumont sea complicado de digerir ya no es ninguna sorpresa. “Ma Loute”, su nueva apuesta, vuelve a traer a la pantalla todo el universo presentado en su serie de televisión de 2014, “P´tit Quinquin”, emitido por el canal Arte, y lo extrapola hasta la exageración con la incorporación en escena de la alta sociedad. Al espectador se le pide paciencia durante la primera hora de la película: paciencia por entender las actitudes de la barroca comunidad de personajes presentados y paciencia por un humor simplón que, sospechamos, hace gracia al propio Dumont y unos pocos más.

Sin embargo, cuando el espectador ha sobrepasado la barrera de lo subversivo, ya pueden echarle kétchup a la tortilla que todo vale. Dumont tiene la capacidad de envolvernos en su mundo – aunque sea a la fuerza – mediante la puesta en marcha del absurdo y la artificialidad en unos personajes esperpénticos que interpretan a la perfección un retrato de la pomposidad de la sociedad burguesa. Y en este ambiente hilvanado por la exquisitez del surrealismo, Dumont repite la fórmula narrativa de “P´tit Quinquin” al desplegar una serie de sucesos extraordinarios en una comunidad que no sabe reaccionar ante lo que excede el convencionalismo: las desapariciones que amenazan el orden en el entorno del Canal Costa y un par de policías que parecen ser los menos apropiados para encargarse de la investigación. La cuestionable forma de proceder de esta pareja detectivesca del tres al cuarto y las relaciones sentimentales entre el joven Ma Loute, de familia pesquera, y Billie, una chica de familia noble que se viste de chico, ponen patas arriba la serenidad de la villa.

En el mundo extraño de Dumont debemos estar dispuestos a encontrar lo inesperado: personajes burlescos y cierta ralentización de las acciones en aras de un mayor espacio para la vacilación y la risa tonta. La Binoche, que es el plato fuerte de la casa, derrocha comicidad y valentía al enfrentarse a la estridencia de su papel. La francesa demuestra de nuevas su capacidad de todoterreno. No obstante, es el conjunto de personajes lo que crea un ambiente contrastado entre ambas familias, muy estudiado desde la producción.

El uso de una cuidada organización del plano y una policromía lúcida y ligera, en contraste con puntuales matices azulados y rojizos crean una belleza fotográfica digna de destacar: un trabajo de orfebrería que facilita la sumersión del espectador en el manto dumontiano y que funciona de maravilla con un guion que no lo hace tanto. Con todo, “Ma Loute” es la suma impregnación de la personalidad de su autor y su resultado evidencia un gusto por el disfrute de la narración más allá de lo que el resto del mundo espere de ella, proclamándolo a los cuatro vientos: "Sabemos lo que tenemos que hacer pero no lo hacemos". Y eso también merece un aplauso.

Lo mejor: su burguesía amanerada.
Lo peor: el relato está lejos de la conmoción.

Valoración: 
7