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Embriagadas de amor

Locas de alegría
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Embriagadas de amor
Crítica de Locas de alegría

Alain Garrido Por Alain Garrido el 17/03/2017 7

Si la mirada deshumanizadora al sistema económico y al orden social imperante en El capital humano, la anterior película de Paolo Virzì, podía releerse como una traslación de la Italia de Berlusconi; la esquizofrenia y las obsesiones de Locas de alegría pueden ser la cómica expresión del cineasta italiano de los estragos de la crisis financiera que azota Europa en los últimos años. Dos mujeres, rotas por dentro y embriagadas de amor, lideran esta huida hacia delante que no esconde su conexión argumental con Thelma & Louise.

La llegada de la vulnerable Donatella a Villabiondi, una institución psiquiátrica, supone un revulsivo para Beatrice, una condesa internada en el centro que quiere escapar de ese delirante lugar a toda costa. Son el día y la noche, pero congenian rápidamente al complementar sus carencias mutuas y compartir la locura más sana de todas: la del amor. Beatrice no puede olvidar a su esposo ni amante (y mucho menos el nivel de vida con el que vivía), Donatella extraña profundamente el hijo que le fue arrebatado tras un crucial suceso.

Virzì apuesta en todo momento por la esquizofrenia de sus protagonistas como motor para el desarrollo de la historia y para insuflar humor acorde al estilo. Ahora bien, cuando quiere, el drama -calculadísimo al milímetro- surge como instinto primario de la emoción. No, para nada como algo peyorativo, al contrario, Locas de alegría, finalmente, resulta ser una loable dramedia. Por muy medidos que estén sus azotes sentimentales, la yuxtaposición de ambos géneros es perfecta, de ahí, la contundencia de su tercio final. Las lágrimas tanto pueden brotar de la comedia más alocada -esa huida en coche- como de los emotivos reencuentros -brillante secuencia en la playa-.

Al final Beatrice y Donatella son la encarnación de la putrefacción de la clase alta y los estragos de las clases populares, respectivamente, y su viaje en carretera funciona como radiografía de una sociedad contemporánea corrompida por el sistema. Todo ello reflejado en la paródica interpretación -nunca pasada de vueltas- de la magnífica Valeria Bruni Tedeschi y de la solvente Micaela Ramazzotti. Por cierto, ¿la trillada Senza Fine de Gino Paoli había sido utilizada con tanta inteligencia como en Locas de alegría? La canción juega un papel relevante y es el culpable -en gran medida- de los golpes emocionales.

Lo mejor: Su tercio final

Lo peor: Su medida emoción levantará ampollas

Valoración: 
7