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YO ME LLAMO RALPH

Le llamaban Jeeg Robot
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YO ME LLAMO RALPH
Crítica de Le llamaban Jeeg Robot

Paco Ruiz Por Paco Ruiz el 11/05/2017 3

El curioso caso de “Le llamaban Jeeg Robot” es uno que me deja patidifuso. Revoloteando por los entornos virtuales existe un jolgorio (uno pequeño, pero no menos ruidoso por ello) en el que alaban las buenas maneras del primerizo cineasta Gabriele Mainetti, elevando el conjunto a las altas esferas que ya conquistaron en su momento películas gamberras, guiadas por un entretenimiento a raudales, como “Kick Ass" (Matthew Vaughn, 2010) o “Super” (James Gunn, 2010). Y Mainetti lo intenta, muy fuerte. Pero ya está. Porque la historia de Enzo Ceccoti, un convicto que consigue habilidades sobrehumanas tras entrar en contacto con una sustancia radioactiva, puede ser una de las más rancias que he visto dentro del género.

Desde su primera secuencia, una atmósfera descafeinada recoge los bártulos y se hace con todo el metraje. Es un muro que impide humanizar ni empatizar con los personajes que danzan sin ton ni son. Y es que por más que se esfuercen en aligerar el tono o contrastar la comedia con la gravedad del asunto, la película se toma demasiado en serio a sí misma como para darse un respiro. A ella y a nosotros. Crea una encadenada serie de momentos incómodos que invitan a levantarnos de la butaca, lo que nos recuerda que muy pocos saben manejar esta clase de excesos tan bien como James Gunn. Pero al fin y al cabo es lo que persigue el equipo que está detrás de las cámaras. Inyectar una buena dosis de cine norteamericano en un conjunto que pedía a gritos domiciliarse en su Italia, sin necesidad de pretender ser más de lo que es. Sí que hay elementos como la camorra o los recovecos de la propia ciudad que nos sitúan fácilmente, lástima que a la hora de la verdad todo se deshaga entre nuestros dedos.

Lo peor del asunto es que tanta pretensión acaba por convertir el film en un terreno baldío de rasgos autorales a manos de un mercenario genérico, donde el más peligroso de los villanos a los que se enfrenta Enzo es a ese batiburrillo de efectos especiales propios del paint. Un despropósito que nos obligará a refugiarnos en el universo de Marvel o DC sin crear conflictos entre el uno y el otro.

Lo mejor: Italia como el núcleo geográfico de la narración.

Lo peor: La desazón de un historia vista mil veces ya.

Valoración: 
3