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El poder de Gary Oldman

El instante más oscuro
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El poder de Gary Oldman
Crítica de El instante más oscuro

Alain Garrido Por Alain Garrido el 11/01/2018 6

A priori, el nuevo trabajo de Joe Wright es de aquellos que provocan rechazo para el cinéfilo menos academicista. No obstante, precisamente, el sello Wright es un aliciente: el director de Expiación y Anna Karenina es el gran estandarte de las grandes producciones británicas del panorama actual y el claro ejemplo de la posible combinación entre clasicismo y modernismo (la adaptación de la novela de Tolstói es su obra cumbre en este sentido). En su nuevo trabajo evoca al biopic más pautado y de lucimiento actoral, pero enarbola alrededor de la figura de Winston Churchill un interesante relato sobre el poder y la búsqueda persistente del reconocimiento hacia uno mismo.

Wright acierta al acercarse a la figura de Churchill en un momento determinado de su trayectoria política, durante su auge como primer ministro en mitad de la crisis en la playa de Dunkerque ante el acecho de las fuerzas alemanas al inicio de la II Guerra Mundial. Las mejores películas biográficas suelen ser las centradas en un aspecto concreto (Capote con la escritura de A sangre fría o The Queen tras la muerte de Lady Di). El cineasta aprovecha ese fatídico mes de mayo de 1940 para priorizar el qué (las batallas internas entre partidos, la responsabilidad del poder público, la autoestima) al quién (Churchill) y el cómo (narrar los hechos acaecidos sin nuevos ingredientes).

Pese a este esfuerzo para que El instante más oscuro sea más que un biopic al uso, Wright se ve superado por la maquinaria de este tipo de historias y está más cercano a lo plomizo del Lincoln de Spielberg que a la reelaboración de la historia como Bennett Miller (Foxcatcher) o Martin Scorsese (El lobo de Wall Street). Eso sí, el talento del director se deja notar, y mucho, en ciertos pasajes: el trabajo con la luz y las sombras es determinante para crear atmosferas y definir el carácter y estado de ánimo del protagonista. La elegancia visual de Wright está al alcance de pocos, y arropándose en la excelente fotografía de Bruno Delbonnel, cuenta a través de la composición de los planos más que el guion plagado de lugares comunes.

Apuntaba al inicio que es un biopic de lucimiento actoral. Efectivamente y más teniendo en cuenta que se trata de Winston Churchill, uno de los políticos más carismáticos y extravagantes del siglo XX. Fue único y tuvo una voz y movimientos característicos. La interpretación de Gary Oldman es soberbia. Su mimetización con el personaje es asombrosa y no se ve eclipsado por el también impresionante trabajo de John Lithgow en la televisiva The Crown donde encarnaba al mismo político. Oldman es uno de los grandes actores de las últimas cuatro décadas y ya va siendo hora de reconocerlo con el máximo premio: el Oscar. Quizás no será su interpretación más recordada, pero tampoco serán triunfos injustos, pese a los también brillantes Timothée Chalamet y James Franco. Los discursos y los comentarios a regañadientes de Churchill son oro en manos de Oldman. ¡Qué voz y qué gesticulación!

El instante más oscuro bascula entre el drama británico de la perfección y el biopic histórico menos convencional, aun así es poco conmovedor pese al notabilísimo trabajo en todos los campos. Falta emoción y sobra una estructura tan cronológica, pendiente de cumplir cuentas con la entrada enciclopédica y no dejarse ni una coma. Eso sí, todo transcurre con más fluidez bajo la estupenda banda sonora de Dario Marianelli. El nuevo film de Joe Wright pasará a la historia por ser el film que le dio el Oscar a Gary Oldman –salvo sorpresa de última hora- . No es poca cosa.

Valoración: 
6