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Una nueva lección de vida

Cars 3
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Una nueva lección de vida
Crítica de Cars 3

Alain Garrido Por Alain Garrido el 12/07/2017 6

Por muy proyecto personal que fuese de John Lasseter, el jefazo de PIXAR, pocos discuten que Cars es la película más floja del estudio del flexo; aunque, en realidad, su secuela todavía está un peldaño por debajo. Cars 2 solo respondía a un ejercicio de merchandising, pues “la buena historia” no hacía acto de presencia por ningún lado y era un film hecho a medida para Mate, la cansina grúa oxidada que ya atesoraba una colección de cortometrajes a sus espaldas. Cars 3 recupera el espíritu de la original, aunque Lasseter cede el control total de la franquicia a Brian Fee, animador en Monstruos University o Ratatouille.

Esta tercera entrega es un giro de 180 grados del primer film: Rayo McQueen vive en sus propias carnes el abandono de la industria automovilística como le ocurrió a Hudson Hornet en los años 50 y se narra en los flashbacks de Cars. No obstante, el coche rojo no se da por vencido y quiere disputar la nueva edición de la Copa Pistón a todos los coches ultrarrápidos y provistos de tecnología punta. Así es, Cars 3 es una lucha entre lo tradicional y lo nuevo, la nostalgia y el futuro, lo tangible y lo virtual. Un mundo totalmente nuevo y reluciente que engulle a marchas forzadas al viejo y caduco.

Cars 3 es, por así decirlo, la cara B de Cars: tras entender que el éxito es un trabajo de equipo y compañerismo, ahora en el ocaso de esa fulgurante carrera en el estrellato, Rayo McQueen debe seguir aprendiendo, aunque ello implique sacrificar la pasión y vocación de una determinada manera. Brian Fee reformula la arquetípica historia de Cars, pero se agradece ese nuevo homenaje a la tradición y la cultura norteamericana de carretera (esos pueblos abandonados, los bares, el campeonato en el barro). Esta faceta apuntalaba y representaba lo mejor del film inaugural y en Cars 2 se perdió en pos de una trama de espías por tres continentes.

El diseño de personajes, con la inclusión de muchos nuevos, sigue siendo la gran baza de la franquicia; como también lo es el excelente despliegue técnico animado de las carreras. Eso sí, Cars 2, en el terreno de la animación, supuso un paso más gigantesco que no esta tercera entrega, cuyo aspecto visual es menos alucinante. En cambio, es superior a la anterior entrega en el guion, sobre todo, por la inteligente decisión de desprenderse de la losa infantil que acarrea llevarse a Mate a los viajes de Rayo. Su inclusión en Cars 2 estaba cogida por los pelos y encima estorbaba a la narración.

La trilogía de estos coches animados versa sobre la máxima de que la vida es un constante aprendizaje: de la madurez personal frente al egocentrismo  (Cars), a la preservación de la amistad (Cars 2) hasta la aceptación de un final de ciclo por doloroso y temeroso que sea (Cars 3). PIXAR tiene su gran trilogía en Toy Story y en Cars tiene una fuente de ingresos a largo plazo con el merchandising. Lo saben los artistas y lo sabemos los espectadores. Además, las tres son puro entretenimiento, un ABC de los tics del cine de Hollywood.

Lo mejor: El diseño de personajes

Lo peor: No deja de ser la misma película, pero al revés

Valoración: 
6