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MEDIO SIGLO, AÑO CERO

50 primaveras
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MEDIO SIGLO, AÑO CERO
Crítica de 50 primaveras

Paco Ruiz Por Paco Ruiz el 28/07/2017 6

Que los cincuenta son los nuevos…, algo. Pero de crisis, aparentemente. “50 primaveras” (horrorosa traducción de “Aurore”) es francesa hasta la médula, haciendo reverencia a otras marcas blancas de la casa, como “Rosalie Blum” o “Retour chez ma mère”. Su diferencia hacia estas se desvive por la razón feminista, una que no termina de cuajar ante el inesperado rumbo que torna la vida de Aurore, Samantha, Sam, o como la quieran llamar, que se dirige a todos los sitios en general y a ninguno en particular.

No obstante, es un disfrute contemplar a Agnès Jaoui ("Comme une image") regodeándose en este regalo que tan merecidamente se ha ganado. Retrato de una madre, abuela, divorciada, desempleada, pero sobre todo, de una mujer. Lo que es un infierno para ella se nos presenta como un drama simpático que, de cuando en cuando, torea un poco a la realidad con cierto desdén. Son sus secundarios los que denotan el fallo, en concreto la voz cascada de los personajes masculinos, como síntoma de una pecaminosa soberbia. Aun así, hay verdad, y la realizadora Blandine Lenoir (“Zouzou”) lo demuestra al tejer la historia con una realización muy llana, mediante una estructura que abraza la comodidad con una rapidez abrumadora. Son sus peros ahogados gracias a esos minutos, breves pero de una intensidad majestuosa, que se dejan fluir entre las notas musicales, los juegos de miradas y los sentimientos no pronunciados, alcanzando un nirvana narrativo personal y único.

Películas como “Aurore” están bien; son ligeras, entretenidas y necesarias. Y aunque en este caso se quede un poco a medio camino de sus funciones, actúan como un megáfono (in)voluntario, en contra de esa hornada hollywoodiense que perpetra un maniqueo empoderamiento femenino con el fin último de vender entradas y, con suerte, hasta muñequitos. Cierto chute de un realismo sucio que agite al personal nos haría sentir gloria. Tanto para unos como para unas.

Lo mejor: Jaoui lleva todo el peso de la película, no como una carga sino como una bendición.

Lo peor: Que sus intenciones más básicas se diluyan ante tanta ligereza.

Valoración: 
6