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De periodismo y liderazgo en un mundo de hombres

De periodismo y liderazgo en un mundo de hombres
Crítica de Los archivos del Pentágono

MMar_Gallardo Por MMar_Gallardo el 16/01/2018 8

Algo de emocionante hay en las imágenes de una rotativa que, al son de la música de John Williams, imprimen miles de ejemplares de un periódico que lleva la esencia y épica del periodismo en su portada. Épica y el rey de las bandas sonoras. Solo hay otro nombre que se pueda relacionar con el anterior binomio. Steven Spielberg estrena esta semana Los archivos del Pentágono, una nueva joya audiovisual e histórica dentro de su filmografía.  

El film traslada a la gran pantalla la batalla judicial del Washington Post ante el gobierno de Richard Nixon en 1971 por la publicación de un informe encargado por el antiguo Secretario de Defensa, Robert McNamara, en el que se dejaba constancia de las mentiras al pueblo estadounidense sobre el desarrollo de la guerra de Vietnam de no uno, ni dos, ni tres, sino cinco presidentes, demócratas y republicanos.  

Después de la Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial, la esclavitud, el holocausto y la masacre del Día D, parece lógico que el director haya decidido meterse de lleno en otro conflicto histórico —seguramente el más humillante para Estados Unidos— y haya querido retratarlo a partir de uno de los grandes temas y derechos fundamentales del país norteamericano como es la libertad de prensa. 

Recogida en la Primera Enmienda de la Constitución y garante en tantas ocasiones de un verdadero cuarto poder que ha exigido cuentas a los gobernantes y los ha obligado a responder ante la sociedad, la libertad de prensa se encuentra hoy en guerra contra presidentes de cartón, pantallas de plasma, noticias falsas y listas negras que tachan a los medios de enemigo número 1.  Quizá ha llegado el momento de recordar aquellos viejos aunque quizá demasiado idealizados tiempos en los que el periodismo creaba vocaciones y echaba a inquilinos de la Casa Blanca por mentir —atención al guiño al caso Watergate del final de la cinta, como si se tratara del avance de una secuela de Marvel— .  

El papel de la prensa como controladora del poder político no es la única conexión entre actualidad y pasado que subyace en la película de Spielberg. Esta vez, cosa poco habitual en la filmografía del director, el protagonismo de la cinta recae parcialmente en un personaje femenino, la dueña del Washington Post Katharine Graham, en guerra con un mundo de empresarios, banqueros, informadores y políticos dominado por hombres.  

Si bien es cierto que Graham, interpretada por una como siempre majestuosa Meryl Streep, comparte el primer plano con el entonces editor del periódico Ben Bradlee, aquí otro icono como Tom Hanks, un papel como este no puede pasar desapercibido en el momento actual en que se encuentra la industria de Hollywood. Otro ejemplo de ello es el discurso que a mitad del metraje tiene Sarah Paulson, una de las secundarias televisivas del film junto a Carrie Coon y Alison Brie. Sus palabras bien podrían haber sonado hace unos días en la reivindicativa gala de los Globos de Oro.  

A Paulson, Coon y Brie las acompañan por otra parte un reparto de excelentes secundarios masculinos, con mayor papel en la trama, como son Bradley Whitford y Bob Odenkirk, protagonista este último del tradicional plano espejo de los filmes de Spielberg, esta vez durante una llamada telefónica muy apropiada para el también televisivo actor. 

Planos recurrentes o no, lo cierto es que si algo destaca de las películas del director es esa genialidad en su confección, desarrollo y realización. ¡Qué maravilla todo el significado que esconde el movimiento de esa cámara que empieza en una vieja fotografía en blanco y negro con dos hombres para luego posarse en su sucesora y protagonista del film, caminando decidida por la redacción. Así pues, y junto al trabajo de sus colaboradores habituales Williams, Kahn y Kaminski, Steven Spielberg hace de Los archivos del Pentágono un thriller político de lo más vibrante y emocionante que bien podría considerarse un nuevo clásico.
 

Lo mejor: la unión perfecta entre realización, montaje, música e historia. 

Lo peor: se podría recriminar que peca de idealista... pero entonces no sería un Spielberg.

Valoración: 
8

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