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El cinismo y la asquerosa realidad hechos cine

Tres anuncios en las afueras
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El cinismo y la asquerosa realidad hechos cine
Crítica de Tres anuncios en las afueras

MMar_Gallardo Por MMar_Gallardo el 12/01/2018 8

El cineasta y dramaturgo Martin McDonagh se ha ganado el ser considerado por la prensa una de las voces más oscuras y originales del panorama cultural actual. Su nuevo trabajo para la gran pantalla es una nueva demostración de ello. El director de Escondidos en Brujas y Siete psicópatas estrena este viernes su tercer largometraje, Tres anuncios en las afueras, una brutal comedia negra ambientada en una pequeña y ficticia, aunque verosímil, comunidad de Misuri, en el Medio Oeste de Estados Unidos.

Esta vez el realizador británico mueve el foco de los humanizados criminales de sus anteriores cintas a la víctima y su entorno. La historia empieza con tres imponentes vallas publicitarias, rojas y lacerantes, puestas por Mildred Hayes (Frances McDormand) en la carretera de entrada a su pueblo para recriminar a la policía local no haber encontrado al responsable de la violación y muerte de su hija. La acción de Hayes, nacida de la rabia y de una tristeza y amor profundos, desencadena un espiral de violentas reacciones por parte de integrantes del cuerpo policial y algunos habitantes del lugar en contra de la supuesta transgresión moral cometida por la protagonista.

Planteado el conflicto, McDonagh aprovecha para dar rienda suelta a su dialéctica punzante y nos regala uno de los mejores guiones del año, negro, desgarrador e hilarante. Porque si en algo destacan los textos del británico es en la capacidad de hacer humor de las situaciones más violentas y de reírse mediante sus diálogos de lo políticamente correcto, de esos eufemismos muchas veces convertidos en silencios que perpetúan las más terribles verdades.

En Tres anuncios en las afueras las verdades se imprimen en grande, se golpean y se escupen en forma de desgarradores monólogos que dejan al descubierto la hipocresía racista, homófoba y machista de parte de una sociedad bien real que aquí actúa como antagonista de la protagonista. Con sus necesarios claroscuros y un brillante y complejo entretejido de odio, inteligencia y ternura, el personaje de Mildred Hayes es una auténtica joya, que Frances McDormand traslada a la gran pantalla con una fiereza y presencia dignas de un segundo Oscar.

El director británico hacía ocho años que tenía el guion acabado, pero no podría haber escogido mejor momento para descubrir a su primera protagonista femenina en la gran pantalla, algo que ya había hecho en sus primeras obras de teatro. Sea como madre que acaba de perder a una hija, como mujer que decide alzarse contra un sistema político y social dominado por hombres y decir “hasta aquí”, o como cualquier persona que lidia con una destructora sed de venganza a la vez que con sentimientos tan humanos como la empatía y la pena, Mildred Hayes se postula como uno más de los personajes femeninos de ficción a reivindicar en un año en el que los silencios de la industria de Hollywood han empezado a resquebrajarse. 

Frances McDormand lidera pues un por otro lado magnífico reparto en el que destacan nombres como el de Woody Harrelson y, sobre todo, el de Sam Rockwell, el perfecto roba escenas. Juntos, los tres actores y sus roles, alejados del maniqueísmo manido, conforman uno de los pilares fundamentales de la mejor película que McDonagh ha hecho hasta la fecha, retrato a su vez, buscado o involuntario, de una América y de unos valores existentes mucho antes de la llegada de Trump.

Lo mejor: la escena del rapapolvo dialéctico de McDormand al cura. 

Lo peor: que más allá de los diálogos y del humor negro, el punto de partida de la historia y su contexto social continúan siendo ciertos.

Valoración: 
8