- Alberto
- 2013-01-25 19:09:24 opinó sobre Los Miserables (2012)
Miserables, en vivo y en directo
Basada en el clásico de Victor Hugo y en el musical que lleva desde 1985 haciendo las delicias del público londinense (es el musical que más tiempo ha permanecido en cartel), Tom Hopper ha construido una película que está llamada a ser un referente en el género musical. No tanto por su monumentalidad, que realmente escapa de la pantalla, sino por lo que constituye a la vez la apuesta más arriesgada de Hopper y la mayor innovación que introduce en el género: se trata de rodar los números musicales del filme en vivo, de tal manera que los actores cantan a la vez que actúan. Se puede sentir la respiración exhausta de Huhg Jackman (Jean Valjean) en su travesía por las cordilleras francesas, o la voz rota y desgarrada de una Anne Hathaway (Fantine) que se deshace en lágrimas tras haber vendido su pelo, sus dientes, su cuerpo y su futuro.
Habitualmente, las canciones de los musicales se graban en un estudio unos meses antes de empezar el rodaje, de tal manera que los actores y actrices tienen que aprenderse al dedillo lo grabado: ritmo, respiración, cadencia. Hasta la más mínima vibración que registrara su voz un par de meses atrás. Y todo para adecuar sus gestos en el rodaje a la música, para coordinar su actuación y conseguir una total consonancia entre esta y la banda sonora.
En Los Miserables de Tom Hopper esto sucede con total naturalidad. Los actores se pegan lo más posible a su texto, nos muestran todo su potencial interpretativo aunque su voz no suene todo lo perfecta que un estudio de grabación puede conseguir. Hopper arriesga y acierta. Le otorga a un elenco actoral perfectamente escogido toda la responsabilidad de la película y estos profesionales recogen el testigo y lo devuelven a la pantalla con una fuerza que llega a la butaca.
En otro orden de cosas, el trabajo de la producción es realmente notable. Desde las localizaciones, optando por la construcción de enormes decorados (no olviden fijarse en el elefante gigante frente a la Bastilla, un sueño frustrado de Napoleón que el cine ha hecho realdad) en vez de su recreación por ordenador, lo que los espectadores sin duda agradecerán. El vestuario, a su vez, viste tanto a prostitutas, como a la nobleza decimonónica. A pobres y ricos. Se percibe la mano de su responsable, el español Paco Delgado, acostumbrado a trabajar con maniáticos de este tipo de detalles como Almodóvar o Alex de la Iglesia.
En cuanto al elenco, además de la obligatoria mención al dúo protagonista-antagonist a, al dúo Jackman-Crowe, del que el primero sale ganador en el terreno musical, o a la ya mencionada actuación desgarrada de Hathaway, merece la pena reseñar a los Thenardier, los estrambóticos estafadores interpretados por, sin duda, la mejor pareja de la película; la formada por Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen, que con esta actuación ha demostrado saber hacer algo más que sacar los colores a la gente por su humor agresivo. Master of the House, el número musical que protagonizan, es de aquellos que el espectador sale tarareando de la sala. El perfecto contrapunto cómico para una producción que, en ocasiones, satura de ese romanticismo y diosismo tan típico de las grandes historias y novelas del siglo XIX.
Con hasta 9 candidaturas a los Oscars, incluida la de mejor película, puede marcar una manera de hacer en el rodaje de musicales
Lo mejor: La grabación de la voz en directo. Su negación al playback y la actuación de los Thenardier.
Lo peor: el excesivo romanticismo que a veces oxida el ritmo del filme y resalta un carácter melodramático demasiado cercano a lo idílico.
Puntuación: 85/100
- Alberto
- 2012-12-14 18:52:18 opinó sobre De oxido y hueso
La compasión no ayuda a caminar
La compasión no es el mayor apoyo para alguien enfermo o que ha sufrido un accidente. Es un sentimiento que no se necesita, que acerca al que sufre más hacia la pena que a la recuperación. Y este sencillo planteamiento es, en la mayoría de ocasiones, no tan difícil de comprender como de poner en práctica. Y si quieres llevarlo a la pantalla, necesitas una sensibilidad especial, un tacto cuidadoso y despojado de complejos y tabúes a partes iguales para no dañar ninguna conciencia y salir del paso sin una acusada mojigatería.
Este es precisamente el planteamiento que lleva a cabo el director francés Jaques Audiard en su De óxido y huesos a través de la historia de un tipo violento, sediento del éxtasis de la lucha y aparentemente desprovisto de cualquier tipo de sensibilidad, representado magistralmente por Matthias Schoenaerts, y una entrenadora de orcas, tan independiente como frágil y con una elegancia sutil para la que Marion Cotillard parecía destinada.
Una historia que desde el principio parece romperse, que parece sostenerse sobre el fino hilo que resiste cualquiera de nuestras vidas ante el poder abrumador de las circunstancias inesperadas o de las suertes truncadas. Por un lado la circunstancia social, la fuerza con la que golpea la pobreza en occidente y los caminos a los que conduce. Por otro lado la accidental, lo puñetera que puede llegar a ser la suerte cuando es mala y sacude con su peor cara.
Para contar esta historia Audiard se sitúa muy cerca de los personajes, pero con una distancia suficiente que permite al espectador juzgar sus actuaciones y a la vez entenderlas. La realidad tiene sus miserias, su egoísmo, pero también una fuerte capacidad de aceptación. En este sentido, la cámara de Audiard es un perro guía excelente y lleno de elegancia.
Aunque en elegancia nadie supera a Marion Cotillard. Su expresión tranquila y su voz calmada, llena de una tensión furiosa cuando se enfada, es para quitarse el sombrero. A esta atractiva estética también ayuda el director, rodando escenas de absoluta brutalidad narrativa con una finura maestra, de tal manera que consigue atrapa al espectador en una contradicción desconcertante entre el deslumbramiento estético de que está siendo testigo y las implicaciones morales de lo narrado. Porque a Audiard es de los que le gusta jugar con el espectador.
No obstante, el ritmo narrativo de la película parece caer en un letargo alarmante durante varios tramos de la película. Además, el hijo de él parece desaparecer por momentos de la historia. Su personaje se diluye como el humo en el aire, dando la sensación de que su presencia es molesta para la narración de la historia.
Por último, es muy destacable la incursión de la película en los bajos fondos, en el ambiente de las peleas callejeras. Está filmado con un descaro e incluso chulería que le vienen muy bien a la película y le otorgan otro color a una narración que por momentos tiende demasiado al gris. No obstante, su tratamiento más arriesgado, y del cual la película sale victoriosa y con honores, es el tema de la superación personal. El abandono de la compasión. La apuesta por la madurez. Con su protagonista, la película comparte el sentimiento de querer emocionar sin dar pena. Objetivo conseguido.
Lo mejor: La estética de Audiard, la cercanía de los personajes y la actuación del dúo protagonista
Lo peor: El hijo de él pasa en ocasiones ya no a un segundo, sino a un tercer plano.
Puntuación: 70/100
- Alberto
- 2012-12-14 14:00:38 opinó sobre El Hobbit: Un viaje inesperado
La esperada vuelta a la Tierra...
La trilogía de El Señor de los Anillos, esa epopeya homérica ideada por J.R.R. Tolkien a mediados del siglo XX y llevada con tanto éxito a la pantalla por Peter Jackson, había dejado millones de espectadores en todo el mundo hambrientos de una nueva ración de Tierra Media. Y la industria de Hollywood, siempre obediente a los deseos de su público, ha respondido rescatando la historia del viejo Bilbo Bolsón, un pequeño Hobbit de la Comarca que en su juventud se unió a un grupo de enanos y al mago Gandalf en una aventura por recuperar un antiguo tesoro ahora custodiado por el temible dragón Smaug.
Y lo que en principio es su mejor aval para llevar al público a los cines (la más que taquillera trilogía de Aragorn, Legolas y compañía), se puede convertir en un poderoso enemigo difícil de combatir por la costumbre inevitable de la comparación. Ya que no es lo mismo adaptar tres tomos que suman un total de más de mil páginas y narran la antagónica lucha del bien contra el mal, que un pequeño libro de poco más de trescientas que surgió en la cabeza de su autor como una aventura infantil. Pero la taquilla en Hollywood manda y si ha funcionado la producción en trilogías, no es el momento de cambiar la estrategia.
Es precisamente en este punto donde la comparación se erige como fiscal acusador. Ya que no es fácil filmar casi tres horas de metraje sin incurrir en la obligación de alargar en exceso ciertos episodios de la historia original. Esto, en principio, solo supondría un inconveniente para los millones de lectores de El Hobbit que se sentirían ofendidos por el desajuste de la película con el libro original. No obstante, el problema surge cuando esta sensación de estiramiento de la trama hasta sus últimos límites se extiende al resto de espectadores de la sala.
Además, la estética de El Hobbit, se acerca peligrosamente al género de la animación y se aleja de ese realismo (dentro de lo fantástico de sus personajes) al que estábamos acostumbrados en las batallas de la Tierra Media. En muchas ocasiones parecemos envueltos en una imagen más de videojuego que de película. Sobre todo en esas escenas donde los espacios creados por ordenador son la nota dominante. A esta sensación de excesiva irrealidad, algo que se ha convertido en cierta tendencia en el cine más taquillero de los últimos años, también contribuye la amalgama de nuevas bestias, monstruos y trasgos que nos ofrece la película. Además de sus protagonistas corales, los enanos, cuya caracterización esperpéntica acentúa esta estética
No obstante, está fuera de toda duda la calidad de los efectos especiales de la película y su brillante acabado formal, sea uno más o menos fan de la realidad creada por ordenador. La habilidad del equipo técnico del filme nos ofrece escenas verdaderamente fenomenales donde el efectismo sobrenatural impresiona hasta al más purista y sobre todo, entretiene rotundamente y te mantiene pegado a la pantalla. Desde cavernas, grutas y ciudades imposibles talladas en la roca hasta titánicos seres de magnitudes olímpicas que acompañarán al espectador en su viaje compartido con el mediano Bolsón.
Como fondo de toda esta aventura, tenemos el paisaje eterno de Nueva Zelanda. La naturaleza tranquila de los prados de la Comarca, los tupidos bosques anclados en una magia ancestral y las cornisas, montañas y desfiladeros que se dibujan en la mente de todo espectador como esa lejana y más que real Tierra Media. Esa Nueva Zelanda natal de Peter Jackson a la que el director ha vuelto a sacar partido y que ha conseguido dibujarse en el imaginario colectivo como ese paraíso originario que al menos una vez hay que ir a visitar.
Acompañando al incontestable paisaje está la no menos imprescindible banda sonora, que continúa la línea de la célebre trilogía y la completa con las canciones de los enanos, entonadas a coro por las profundas voces de estos rudos personajes y que trasladan al espectador a un tiempo antiguo de leyendas y gestas, de tradición oral heroica.
En definitiva, El Hobbit será un éxito en taquilla por esa sed que tiene el público de más Tierra Media, pero está en duda si cumplirá con tan altas expectativas debido a que su valor cinematográfico queda resentido por ese afán de alargar la historia hasta lo imposible.
Lo mejor: La ambientación, la banda sonora y la siempre reseñable actuación de Andy Serkis como Golum.
Lo peor: La voracidad comercial que ha forzado como trilogía una historia que no precisa este formato para ser contada.
Puntuación: 65/100.
Sinister, el snuff casero...
Esta vez de la mano del realizador Scott Derrickson, conocido por dirigir “El exorcismo de Emily Rose”, Hollywood nos vuelve a ofrecer otra película de terror por Halloween. Aunque se va dejando notar que se les están acabando las historias. Esta vez, con “Sinister”, han decido llevar a cabo una especie de cóctel que mezcla el crimen en serie, atado al vasto universo estadounidense, con el mundo fantasmagórico y esotérico que no se cansa de explotar este género.
Ethan Hawke interpreta a un escritor que traslada a sus libros los crímenes más espantosos del panorama yanqui, aportando una visión y conjeturas distintas a las que en su día ofreció la investigación policial. No obstante, atraviesa un momento de capa caída y necesita un nuevo éxito que afiance su carrera. Para su nuevo proyecto se traslada a la casa donde todos los miembros de una familia menos la niña menor han sido ahorcados en el árbol del patio de atrás. Lo suficientemente truculento como para impulsar su trayectoria de nuevo. Y aquí empezamos a ver los primeros clichés del terror convencional: la casa unifamiliar grande y rodeada de un ambiente espectral, los espacios vacíos y las cajas amontonadas que dejan las mudanzas, la familia tensionada por el cambio de vida, etc.
A partir de este momento hace aparición el elemento más potente del filme: los idílicos vídeos caseros en super 8 que muestran escenas familiares y derivan en siniestras películas snuff. La progresiva investigación de los videos caseros va conduciendo la película hacia caminos interesantes. Parece que estamos ante un producto que va a conseguir causar miedo mediante cauces más terrenos y no tan místicos como últimamente el terror nos tiene acostumbrados. Pero nada más lejos de la realidad. Pronto descubrimos que el filme nos tiene reservados un buen cargamento de clichés más: la afición a la bebida del escritor frustrado, los inquietantes sonidos nocturnos ideales para mantener la tensión, las misteriosas e inexplicables apariciones, crecientes problemas familiares, comportamientos siniestros y dificilmente justificables de los niños de la familia (como cuando se aluden a los terrores nocturnos de Trevor, el hijo mayor), la colaboración de un joven policía, la introducción de elementos místicos y extraterrenos y su profesor de universidad a lo Íker Jiménez correspondiente y demás convencionalismos que no hacen más que frustrar la deriva de una película que parecía poder ofrecernos algo nuevo y mucho más siniestro que cualquier contingencia bajo el cartel de terror de las que siempre llega a finales de octubre.
No obstante, aunque poco sorpresivos y habituales, estos elementos funcionan y consiguen trasmitir esa sensación inquietante que pretenden. Pero no van mucho más allá y de hecho su acumulación consigue un efecto tedioso más que turbador. Tras todo este cóctel heterogéneo de elementos, algunos con mucho potencial y otros de los más trillados de cada Halloween, su resolución solo podía ser una vuelta de tuerca más a un argumento previsible que no acepta del todo bien ese último giro de rosca.
Lo mejor: Las películas snuff, que a cada cual resulta más terrorífica y atroz
Lo peor: Que la película deseche su mayor potencial a favor de un terror esotérico de lo más trillado y facilón
Puntuación: 60/100
- Alberto
- 2012-09-20 22:48:24 opinó sobre Martes, después de Navidad
La fuerza de lo común
Retratar la cotidianidad en el cine puede resultar muy arriesgado. Dispones, digamos, de una hora y cuarenta minutos que tienes que llenar de conversaciones insustanciales, de hechos completamente irrelevantes y sobre todo de tiempos muertos, de silencios mundanos, como los que vivimos día a día. Y decía que resulta arriesgado porque un espectador de cine raramente busca cualquiera de estos elementos al comprar su sitio en la butaca. Exigimos a las películas que nos borren esos espacios y que a través de pequeñas o grandes elipsis nos vayan envolviendo en una trama repleta de giros y sorpresas argumentales. Pues bien “Martes, después de Navidad” (Marti, dupa cracium en versión original) no es en absoluto este tipo de cine.
Su director, Radu Muntean, nos brinda una película de pausas, de silencios, de planos estáticos que se alargan todo lo que una cena familiar o una discusión matrimonial requieren. Un cine sin estridencias sorpresivas que utiliza la cámara como si de un documental se tratase para captar el relato costumbrista de una familia que se quiebra sin hacer ruido, de una pareja que se rompe por la irrupción de una tercera persona. Y todo esto con un argumento sencillo que narra la historia de Paul, un hombre que se debate entre la lealtad a su familia formada por su mujer Adriana y su hija Mara y el amor que siente por Raluca, la dentista de su hija y con la que mantiene una relación desde hace seis meses.
Pero el riesgo que corre Muntean es muy grande. No es fácil retratar la cotidianidad más absoluta sin caer en el aburrimiento, porque la vida en ocasiones simplemente resulta aburrida. Por ello nos ofrece una colección de situaciones de pareja en las que las conversaciones, el guión, llevan todo el peso y traslucen más sentimientos en aquello que callan que en lo poco que desvelan.
Lo cierto es que esta cocción a fuego lento, casi estático, por la que apuesta Muntean durante más de la mitad de la cinta, no consigue atrapar del todo al espectador que se ve puede ver tentado con facilidad a cruzar la frontera que separa al cine de autor del tedio. Esta falta de gas de la que adolece más de la mitad del largometraje es aupada por una escena climax en la que, naturalmente, este triángulo amoroso estalla y se confiesa el engaño con la tercera persona. Gracias a una estupenda realización que aprovecha, esta vez sí, las ventajas de mantener la cámara lo más estática posible cuando la tensión supura por cada costado, el director saca todo el partido de una historia y de unos actores que al fin consiguen conmover al espectador.
Nos encontramos ante una película arriesgada, cuyo reto es precisamente apostar por el minimalismo narrativo y formal, por abandonar los efectos en favor de la fuerza intrínseca de las historias tal cual son. Porque si algo ha conseguido Muntean en su cuarto largometraje es trasladar a la pantalla la vida tal cual es, con sus pausas, sus miserias y sus contradicciones.
Lo mejor: La realización de la escena en que se confiesa el engaño y conduce al final del filme, por la valentía de un estatismo que consigue acentuar la tensión de la que ya va cargada la situación.
Lo peor: La película carece de un ritmo que atrape, su insistencia en la pausa bloquea la atención del espectador
Puntuación: 65/100
- Alberto
- 2012-09-20 22:46:01 opinó sobre Atrapados en Chernobyl
Terror convencional en un...
Un grupo de jóvenes felices de viaje, a poder ser parejas, como es el caso, un entorno adecuado donde van a suceder los acontecimientos, alguien externo al grupo que sirve de guía y conduce la acción en el inicio y desconocidos ruidos que comienzan a acechar de forma tímida a los protagonistas para ir aumentando paulatinamente de intensidad en un in crescendo narrativo hasta que la crisis y el pánico son la nota central en pantalla.
El género de terror está inventado, pero siempre cabe la posibilidad de, al menos, jugar con todas estas variables. O bien de romperlas. “Atrapados en Chernóbil”, dirigida por Brad Parker, opta más bien por esta primera opción, con un resultado que acierta más en unos parámetros que en otros.
En primer lugar, los personajes llevan a cabo una interpretación coral marcada por la homogeneidad. Ninguno destaca sobre los demás en un guión que lejos de definir sus personalidades, los dibuja como seres indiferenciados, pertenecientes a un grupo, cuyas únicas notas distintivas devienen de los clichés más apegados al género y funcionan más bien como desencadenantes de la acción que como rasgos identificativos de cada uno.
Por otro lado tenemos los extraños sucesos, los ruidos inquietantes y desubicados. Esta variable está trabajada con el objetivo de mantener en vilo al espectador hasta que la tensión explote en forma de miedo, o al menos, de sobresalto. Aquí la película corre un riesgo innecesario, ya que trata de alargar todo lo posible el tiempo en que el espectador desconoce la naturaleza de aquello que acecha a los personajes, sin conseguir en ese esfuerzo de intriga un verdadero efecto sorpresivo cuando el “misterio” se desvela.
No obstante, la película cuenta con un punto muy fuerte a su favor. Y tiene nombre propio: Pypiat, la ciudad donde vivían las familias de los trabajadores de la planta nuclear de Chernóbil antes del desastre. El escenario ya respira terror por sí solo y se erige como un cementerio del paraíso comunista, perdido en una intemporalidad que recuerda a una moderna Pompeya y transpira horror con su simple presencia, con esa peculiar e inquietante devastación intacta que lo define. Un espacio que por sí solo constituye el reclamo más potente que presenta una película por lo demás, del todo convencional.
Lo mejor: La ubicación. Convertir Prypiat en un escenario para el terror
Lo peor: La falta de originalidad en algunos de los parámetros que definen el género.
Puntuación: 65/100
- Alberto
- 2012-09-04 01:07:32 opinó sobre The possession (El origen del Mal)
The possesion” o cuando el miedo...
La nueva película de Ole Bornedal, The Possesion, enmarcada dentro del género de terror, esconde pocas de sus cartas desde el primer minuto de metraje, en el que el espectador ya es consciente de que una “misteriosa” caja será el desencadenante de los gritos que vendrán después. Esta escena de advertencia, plagada de convulsiones demoniacas acordes con el título del filme, antecede a una clásica presentación de los personajes en la que el director salva un poco original guión con una realización de bella factura, escogiendo los planos con gusto y creando un ambiente de calma inquieta idóneo para este género cinematográfico.
Sobre la pantalla tenemos a dos niñas, la hermana mayor, que está entrando en plena pubertad y la pequeña Emily, que respira inocencia y ternura en cada uno de sus gestos. Ambas sufren las consecuencias de la separación de sus padres, que a pesar de los inconvenientes de la custodia compartida, mantienen una relación del todo cordial. Al espectador ahora solo le toca esperar a que sus vidas se crucen con los destinos de la caja, hecho que no tarda en suceder de una manera fortuita.
A continuación, música inquietante y gritos estridentes nos van advirtiendo de cuándo hay que tener miedo. Además, el terror psicológico pretendido por el largometraje va perdiendo fuelle debido al hecho de que la información sobre la historia que posee el espectador siempre le lleva ventaja a la de los personajes, creando una situación en la que el miedo sufrido por los protagonistas en pantalla no se transmite con la misma intensidad al patio de butacas, salvo por ciertos sustos fruto de la magia de la postproducción. A este descalabro que va experimentando la película a partir de la mitad de su metraje también ayuda la aparición de la comunidad judía ortodoxa de Nueva York a la que el padre de Emily recurre para poner solución a la posesión de su hija. Esta comunidad judía, repleta de los más trillados estereotipos, acaba por convertirse más en una parodia de sí misma que en aquellas figuras místicas, sabias y de gran autoridad moral que exige como contrapunto toda película de terror. El hecho de que el exorcista, interpretado por un famoso cantante de reggae estadounidense, resulte en muchas ocasiones hilarante debido a sus movimientos espasmódicos adelante y atrás durante el exorcismo y a la escasa seriedad que ofrece su interpretación, no ayuda a conseguir una tensión que la película sí alcanza en su primera mitad. Si a esto le sumamos la opción del director por evolucionar a lo largo del metraje hacia un terror más visual y efectista que psicológico obtenemos esa pérdida de fuerza de la que adolece el filme a partir de su mitad.
No obstante, hay que destacar la actuación de la pequeña Natasha Calis, que interpreta a Emily. Su semblante ausente y a la vez delicado cuando empieza a sufrir la posesión, que evoluciona a expresiones diabólicas realmente escalofriantes, es fruto de un intachable esfuerzo de interpretación solo seguido por el trabajo vocal de Jeffrey Dean Morgan, que interpreta a su padre Clyde y cuya rotunda voz se convierte en el rasgo caracterizador de su personaje (confiemos en que el doblaje respete a ambos). A su vez, la estética de los planos concebidos por el director es la apropiada para generar cierto ambiente de tensa calma, amén de que son resultado de un gran trabajo con el color y la iluminación. En este grupo destacamos el trabajo del director con los espejos, elemento fundamental del género al que Bornedal sabe sacar partido. Sin embargo, se observa un gusto reiterado por el plano cenital, sobre todo en las transiciones entre escenas, que si bien al principio funciona como un corte atractivo, acaba resultando repetitivo y poco original.
Algo similar sucede con las transiciones sonoras tras las escenas de terror. Siguiendo la estela clásica del género, Bornedal aumenta la tensión y el volumen de la banda sonora en los momentos en los que trata de sobrecoger al espectador. Este efecto, aunque sencillo y archiconocido, consigue su objetivo. Sin embargo, tras estos sobresaltos el director corta bruscamente y decide prescindir de transición sonora a la siguiente escena. Como en el caso anterior, lo que en un principio sorprende y es percibido como innovador, acaba resultando estridente y desafinado en una película que, en general, promete más durante sus 30 primeros minutos de lo que es capaz de ofrecerte en los 60 restantes.
Lo mejor: La interpretación de la niña Natasha Calis y la estética trabajada por Bornedal
Lo peor: El director comete un grave error al apostar por un terror más efectista y visual que psicológico tras dirigir las expectativas del espectador por otros derroteros en los primeros minutos de la película. No ofrece nada nuevo al género.
Puntuación: 50/100
- Alberto
- 2012-09-04 01:05:58 opinó sobre Todos tenemos un plan
Todos tenemos un plan, el...
En lo que constituye el primer largometraje de su carrera, la realizadora argentina Ana Piterbarg completa un trabajo sólido que consigue mantener una atmósfera de tensión inquieta en la línea de otros thriller argentinos recientes como “El secreto de sus ojos”. Piterbarg construye un filme en el que la acción cede su importancia a la lucha que se libra en el interior de los personajes por labrar su propia identidad consiguiendo así elaborar un estilo propio en un género como el policial, trabajado de forma tan distinta desde Hollywood. El ambiente negro, casi opaco, que trazan las secuencias de este filme, concede todo su peso a unos diálogos velados en los que no solo es importante lo que los personajes dicen, sino la lectura que se percibe en la parquedad de sus palabras y en las emociones expresadas desde el silencio, la contracción de sus rostros y la contención de un escenario como el rural en el que se tiene que cumplir a rajatabla la máxima de ver, oír y callar.
Piterbarg nos narra sin necesidad de florituras la doble batalla que se ven obligados a librar unos personajes encerrados en su destino. Por un lado, la batalla interna de la búsqueda de la propia identidad, la huída de la incomodidad cotidiana y del hastío que acaba difuminando el concepto de felicidad. Por otro lado, la batalla externa contra un destino que marca sus propias reglas y nos dicta sus propios roles en un mundo que es como una colmena de abejas, en el que cada uno tiene su propia función desde que nace hasta que muere, parafraseando la metáfora utilizada en el filme y que sirve como base temática del mismo.
La interpretación de Viggo Mortensen es la materialización de esta dualidad que ronda constantemente sobre la película. Vigo es Agustín, un médico de ciudad atrapado en una rutina que le asfixia y le desagrada, pero también interpreta a su hermano gemelo Pedro, hombre rural que ha crecido y vive bajo las reglas inquebrantables y cerradas de lo que podríamos denominar “Argentina profunda”, esa tierra fiera y dura que ha sido retratada con tanto acierto por Borges en sus relatos de bandoleros. Una tierra labrada con las manos, la sangre y el honor de los antepasados y el olor de la venganza y el crimen. En esta doble interpretación Viggo se luce utilizando la lengua que alimentó su niñez y completando un trabajo excepcional que emociona cuando tiene que emocionar, desespera cuando tiene que desesperar y duele cuando tiene que hacerlo.
La única pega de esta doble interpretación tiene mayor relación con el trabajo de la directora que del actor. La primera escena en que ambos personajes coinciden en plano, se produce una sensación de extrañeza que aleja al espectador de la historia y lo sitúa más en la observación del juego de cámaras. La realización pausada que ha caracterizado a la película hasta ese momento da paso a un montaje picado, con cambios de plano muy rápidos que despistan al patio de butacas. No obstante, esto es subsanado momentos después en los que el gran trabajo de Viggo consigue que su doble presencia en pantalla resulte más una motivación doble que un inconveniente.
Mención especial merece también la ambientación de la película. Piterbarg nos traslada a la región argentina del Delta del Tigre, un espacio rural argentino que dista mucho, tanto en esencia como en la práctica, de la vida prefabricada y cómoda de la ciudad. Desde las casas con embarcadero a la orilla de un rio que es la columna vertebral de la vida en esa región, a los rostros y expresiones opacas de los habitantes de la zona, curtidos en unas reglas distintas a las de la ciudad, todos los detalles están cuidados al máximo para conseguir esa atmósfera opresiva y de calma tensa que ronda todo el filme.
En general, somos testigos de una película muy completa que lucha por trabajar el aspecto moral y psicológico de unos personajes envueltos en una trama oscura y negra, en la que el nudo inicial se va deshaciendo con una calma parsimoniosa a la que los espectadores de Hollywood no estarán acostumbrados pero que hará sumar puntos a un género que en Argentina es trabajado con un gusto especial desde que “El secreto de sus ojos” abriera el camino en 2009.
Lo mejor: Sin duda, la interpretación de Viggo Mortensen y la búsqueda por parte de la realizadora de poner su impronta personal en el género y ofrecer un relato trabajado y distinto a la acción de tiroteos que Hollywood no se cansa de producir.
Lo peor: La extrañeza incial cuando Viggo aparece doblemente en pantalla. Este traspiés afea una película por lo demás muy completa.
Puntuación: 80/100.
- Alberto
- 2012-07-30 15:44:12 opinó sobre Las aventuras de Tadeo Jones
Las Aventuras de Tadeo Jones,...
Tadeo Jones, un albañil reconvertido a arqueólogo de los de Hollywood, cumple el sueño de su vida al embarcarse en una emocionante aventura en busca de una ciudad perdida en Perú. Pero no lo hará solo. Junto a él irá Sara, arqueóloga dulce y despampanante a partes iguales e hija de uno de los profesores más ilustres del gremio. A ellos se unirán las mascotas de ambos, el perro inquieto y juguetón de Tadeo y el loro mudo de Sara. Con estos ingredientes por una cara de la moneda, y un par de malos malísimos (el bruto y el inteligente) por la otra, además de una historia familiar difícil y enternecedora en la infancia de los protagonistas, contamos con todos los agentes necesarios para dar forma a cualquier película de superhéroes o de animación. O como en el caso de Las Aventuras de Tadeo Jones, una que combine ambas.
El sueño de Enrique Gato y su equipo, que hace unos diez años dieron vida al personaje en un corto que cosechó un gran reconocimiento nacional e internacional, con la obtención de un Goya al mejor cortometraje de animación y multitud de premios en festivales internacionales, se ha materializado en este filme dirigido en especial al público infantil. El personaje ha perdido parte de ese espíritu canalla y de tierno granuja que le caracterizaba en los dos cortos previos a la película para convertirse en un protagonista buenazo y simpaticón que, sin embargo, aún conserva ese aire pícaro de cualquier héroe de cómic español. Esta pérdida de astuta picardía en la personalidad del protagonista se ve compensada con la aparición del personaje de Freddy, clásico escudero graciosamente descarado, una suerte de Sancho Panza al que José Mota hace suyo con un doblaje que se acerca a la audiencia por su familiaridad.
La película cuenta con un trabajo de ambientación escenográfica realmente logrado, con mención especial a los paisajes sudamericanos, desde la recreación de Machu Pichu o los paisajes selváticos de Perú a los espacios ficticios fruto de la imaginación de los creadores de la película. Tadeo y el resto de personajes se mueven por estos espacios cuidados al detalle a los que el 3D aporta una profundidad que responde más a una necesidad comercial impuesta por los tiempos que corren que a una intención artística.
Por tanto, tenemos ante nosotros a una producción de animación española de calidad que más bien renuncia a ese adjetivo patrio con la intención de moverse por mercados internacionales. Se trata, entonces, de una producción sólida que cumple con todos los requisitos para luchar por un pedacito del saturado mercado de la animación. Ante Madagascar o Ice Age, Las Aventuras de Tadeo Jones ofrece un trabajo sugerente en lo visual, con unos personajes que cumplen con las exigencias establecidas para este género (el héroe torpe, la chica dulce que primero se enamora del malo, los animales graciosos e inquietos, el malo egoísta y su secuaz bruto, el ayudante chistoso, etc) y con ese dinamismo que pega a los críos a la pantalla durante las algo menos de dos horas que dura la película. Además, juega con el tanto a favor de ser una parodia del arqueólogo por excelencia, Indiana Jones. Tanto hacia el que muchos padres amantes de el del látigo se mostrarán agradecidos.
No obstante, el afán patente de los creadores de orientar la película a un público infantil más amplio ha hecho que Tadeo pierda ciertos rasgos de esa fresca originalidad que le llevó a los dos Goyas. Se echan en falta las bromas más arriesgadas que caracterizaban al Tadeo de los cortos y con las que conseguía más una carcajada que la sonrisa del largometraje. Sin embargo, aunque esta consciente decisión del director suponga un inconveniente para algunos padres, quizá sea un punto a favor para sus hijos que, al fin y al cabo, son los que van a disfrutar más de la película.
Lo mejor: El trabajo de ambientación y el hecho de apostar por un proyecto de animación española de calidad y competitivo.
Lo peor: La apuesta por un público infantil generalizado ha hecho perder al personaje ciertos rasgos más arriesgados de su carácter.
Puntuación: 75/100
