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Natgarbis

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¿Cuántas vidas se necesitan para...

Café de Flore se trata de una película de amor poco convencional capaz de traspasar los límites del tiempo. Narra dos historias aparentemente distintas pero con un mismo hilo conductor el amor y el final del mismo. Y una canción común que sirve de transición a dos épocas distintas y que da título a la cinta. Café de Flore de Matthew Herbert, nos cuenta el director que es el germen de la película: “He he imaginado un hombre que adora esta canción y la escucha sin parar, y, a partir de ahí, una loca historia de amor y de reconciliación.”

La música todo un acierto temas de Pink Floyd, The Cure, Sigur Ros, Matthew Herbert…, refleja los distintos estados emocionales que invaden a los personajes y conecta al espectador con puntos clave de esta película de tintes sobrenaturales.

La actriz francesa Vanessa Paradis alejada de la elegancia a la que nos tiene acostumbrados, se mete en la piel de una madre que lo sacrifica todo por cuidar a su hijo con síndrome de Down cuando su marido les abandona. Esta historia de amor y desamor materno filial transcurre en el Paris de los años sesenta. La otra historia, que discurre en distintas ciudades y en época actual, supone la primera incursión en la gran pantalla del cantante canadiense Kevin Parent que interpreta a Antoine, un exitoso DJ de Montreal recién divorciado, y que se desarrolla en la época actual. Parent está estupendamente acompañado por la sensual Evelyne Brochu, en el papel de Rose, su alma gemela, y la etérea Hélène Florent, que da vida a Carol, la ex mujer atormentada que no acaba de superar la ruptura.

El montaje, carente de estructura, salta de una época a otra sin un nexo aparente, lo que puede dificultar la conexión del espectador con la película pero que por otro lado funciona estupendamente para acompañar a la galería de sentimientos y emocionas encontradas que se dan cita en esta historia de amores extremos.

El director de la aclamada C.R.A.Z.Y, Jean-Marc Vallée, nos propone un rompecabezas estructural que sumerge al espectador en lo más profundo de las emociones humanas. Dónde los sentimientos íntimos de cada personaje se funden en perfecta sintonía con una banda sonora que acompaña a los actores en cada escena creando un estético ejercicio audiovisual tan íntimo como intimista y que nos conduce a una sorprendente revelación final.

Lo mejor: La banda sonora, todo un acierto.

Lo peor: El caos estructural que en algunos momentos despista.

Nota: (Del 1 al 10) 7.

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