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Sitges 2017: Partir de la oscuridad

M.F.A.

Los primeros días de la 50ª edición del Festival de Sitges podrían resumirse con estos cuatro títulos, una muestra de todas sus secciones y una gran protagonista: Francesca Eastwood. El certamen dio el pistoletazo de salida con La forma del agua, de Guillermo del Toro. Podéis recuperar la crítica aquí.

Las sombras se ciernen un año más en la localidad de Sitges, y no, por supuesto que no hablo del espléndido clima mediterráneo del que pudimos gozar este fin de semana. Me refiero a las tenebrosas historias que trae consigo la 50ª edición del Festival de Cine Fantástico y de Terror de Catalunya, y la cual recupera la figura de Drácula como leit motiv principal: un monstruo que desea chuparnos la sangre y que demarca esta edición al igual que lo hace el miedo a la incertidumbre tecnológica,  social y política que atravesamos actualmente. Industria cinematográfica y representación social se dan de nuevo la mano para aterrarnos con una ficción que no habla de mundos muy lejanos.

Sitges da la bienvenida a aquellos con sed de sangre en su spot promocional. La directora brasileña Gabriela Amaral atiende a la llamada con la presentación de su opera prima O animal cordial, una pesadilla de único escenario en el que una camarera tiene muchos platos fríos que servir.  Por desgracia su perezoso guion y alguna interpretación insuficiente lastiman un mensaje feminista y ficcionado que podría haber llegado a mejor puerto.

De ello se salva, sin embargo, la vengativa M.F.A., dirigida por la estadounidense Natalia Leite, quien cuenta con la hija de Clint Eastwood – Francesca Eastwood – como actriz protagonista. La película pone de manifiesto la complicada situación de las jóvenes violadas en los campus universitarios de Norteamérica y condena la actuación de una administración que mira hacia otra parte. Todo ello sin olvidar que aquí hemos venido a jugar: Leite y su guionista, Leah McKendrick declaran en la presentación del film su intención de combinar la denuncia social con cierta intriga de slasher. Y ante ello no cabe más que aplaudir la iniciativa.

El eco de una generación perdida llega hasta Japón, donde el prolífico Eiji Uchida se basa en una historia real para mostrar las relaciones de las jóvenes y violentas bandas callejeras a través de los ojos de una lolita desconcertante (Sairi Itô) en Land other cults. A medio camino entre la inocencia y la temprana decadencia, la espiritualidad y el vandalismo, el personaje de Ai trata de encontrar su sitio en un mundo donde es constantemente rechazada. Sin embargo, no todo es negro en este mundo pasional, pues la historia va ganando riqueza cromática conforme va consolidando a sus personajes secundarios y autodestructivos en una suerte de relato sinvergonzón al puro estilo de Irvine Welsh.

Pero si hablamos de matices no podemos pasar por alto el proyecto Loving Vincent. La narración sobre los misteriosos últimos días de vida del pintor Vincent van Gogh es la primera película completamente pintada en óleo. Un tápiz en continuo movimiento que recuerda a los experimentos de Linklater sobre la animación digital – Waking Life (2001), A scanner darkly (2006) -, y que actualizan el estilo impresionista del pintor a una historia cambiante y de millones de posibilidades, tanto en su discurso temático como formal.

El digital ofrece toda una nueva experiencia ficcional a los espectadores. Así lo entienden desde la organización del Festival, el cual apuesta de pleno, tras una pequeña incursión la edición pasada, por los productos de realidad virtual. 

Alberto Richart.

Enviado por: Alain Garrido el 10/10/2017
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