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Aitor Arregi (‘Handia’): "Es difícil dirimir donde está el límite entre lo tierno y el terrorismo emocional"

Aitor Arregi, codirector de 'Handia'

El cineasta ha presentado 'Handia', la última sensación del cine vasco que ganó el Premio Especial del Jurado en el último Festival de San Sebastián. Arregi codirige la película junto a Jon Garaño, tras ser coguionista en 'Loreak (Flores)', la anterior película de este equipo que ha revolucionado la filmografía vasca.

¿Qué os atrajo de la historia real del Gigante de Altzo para convertirla en Handia?

Nos atrajo que era una historia que podía recoger otras dentro de la misma película. Nos gustó que era una especie de drama histórico con tintes de aventuras de dos hermanos que, en circunstancias normales, no saldrían de su pueblo natal, pero ya que uno de ellos es el hombre más alto de Europa -¡o del mundo! aún desconocemos si lo fue- les conlleva a viajar por todo el continente. Nos gustó también que este viaje podía representar de alguna manera varias cosas: la construcción de un mito y su deformación, la adaptación con los distintos públicos y el cambio, porque era una época plagada de cambios entre el sistema antiguo y el moderno. Esa época inestable podía trasladarse a los tiempo de hoy en día. De hecho, el protagonista es un hombre que no para de crecer, es decir, no para de cambiar; nos parece también muy metafórico. En definitiva, nos gustó mucho el equilibrio entre el fresco histórico y el drama intimista y cómo pueden fusionarse y tender puentes de una forma harmónica. Ese fue nuestro mayor desafío.

El éxito de Loreak, con la selección para representar a España en los Oscar incluida, ¿ha ayudado a levantar un proyecto tan aparentemente difícil como Handia?

Sin duda ha tenido mucho que ver con que Handia sea una realidad, nos ha abierto muchas puertas. Ahora ya éramos “el equipo de Loreak”, teníamos una carta de presentación más potente. No podemos estar más agradecidos a Loreak, a pesar de que, como es normal, el público esté comparando constantemente y, a veces, esto implica unas expectativas demasiado elevadas.

En Loreak eras coguionista y ahora tomas el relevo de José María Goenaga y codiriges Handia con Jon Garaño. ¿Sois una gran familia entre todos?

Nos conocimos todos en la Escuela de Cine y sincronizamos muy bien desde el principio. Nos juntamos cinco compañeros para dirigir cinco cortos, cada uno dirigía uno y explicaba una historia personal. En los otros cortos cada uno colaboraba como el ayudante de dirección, el script, etc. Nos íbamos rotando en cada proyecto, esta mecánica de trabajo ha perdurado en el tiempo. Llevamos 17 años trabajando así. Me siento muy cómodo trabajando con todos ellos, los proyectos nacen liderados por uno, pero el resto se van incorporando y así compartimos responsabilidades.

Handia es tierna y emotiva, pero nunca cae en lo sentimental. ¿Cómo trabajais esto desde dirección y guion para evitarlo?

Buena pregunta, porque además es difícil dirimir donde está el límite. Una de las cosas más complicadas que existen es identificar los límites, ya sean emocionales, de duración, etc. Una vez más me remito al trabajo en equipo y a la toma de consciencia de nuestro trabajo: lo que a uno puede parecerle bonito, otro puede tildarlo de terrorismo emocional. Un director debe ser egoísta con la historia, no consigo mismo, no debe llevar hasta las últimas consecuencias su opinión: si cuatro personas critican una escena y a él le ha emocionado, quizás deba revisarlo. En estas discusiones intentamos equilibrar el tono y observar donde está el límite. No obstante, siempre te queda cierto temor por si lo has cruzado.

Incluso la música aparece y desaparece oportunamente. ¿Otra pieza más para buscar este equilibrio?

Al compositor ya le transmitimos cual era nuestra idea. Afortunadamente, con Pacsal Gaigne ya hemos trabajado en 80 egunean y Loreak, por lo tanto, ya nos conoce. Como decimos coloquialmente, cada uno ya sabe de dónde cojea el otro.  Seguramente, con Pascal en esta ocasión ha sido más fácil que en anteriores colaboraciones a la hora de transmitirle a donde queremos llegar con la historia.

Handia es una película muy formalista, ¿nace en el guion ya o surge en el rodaje?

El formalismo viene después de elaborar el guion, al menos, a partir de una primera versión que nos satisfaga. De hecho, la edición la planteamos como una nueva versión del guion. Nos entendemos todos, así que vamos viendo hacia donde debe ir el relato, donde tiene que respirar, qué atmosfera necesitamos. En la pre producción, a seis semanas del inicio del rodaje, elaboramos poco a poco el estilo y la forma. Es uno de los ejercicios más bonitos que hay en todo el proceso de rodar una película.

El hecho de rodar en euskera es una seña de identidad de vuestro cine. ¿Os preocupa que pueda limitaros la producción o distribución?

Con Handia sentimos que hemos llegado al límite de lo que sería conseguir financiación para rodar una película en euskera, hemos tocado todas las puertas posibles. La opción sería que apareciera un socio externo con mucho dinero. No obstante, no solo para rodarla en euskera, para una película rodada en castellano también hemos forzado mucho la máquina, porque nuestro presupuesto es de unos 3'5 millones de euros, pero para lo que queríamos contar es barato. En otros países, hubiese costado el doble. Así pues, lo de limitarnos la producción es relativo, como en el terreno de la distribución. A priori, la lógica te dice que te puede limitar más, pero, por ejemplo, Loreak se estrenó el mismo año que Magical Girl, que venía de triunfar en el Festival de San Sebastián  y, pese a ello, consiguieron cifras de recaudación muy similares.

Muchas veces, la taquilla no recompensa las grandes películas...

Es que el cine en castellano en España, salvo unas 10 o 12 películas al año, el resto funcionan en taquilla de forma similar a las rodadas en euskera. Internacionalmente, de cara a festivales o estrenos en países, ya les da igual si están rodadas en euskera, castellano o polaco. Además, también hay que saber qué te pide la historia: nuestro próximo proyecto se ambienta en Andalucía, pues obviamente estará rodada en castellano. Rodar en euskera no es coherencia militante, pero para la historia de Handia es necesario: son dos hermanos de Altzo de finales del siglo XIX que desconocían otra lengua. Además, nos gusta que el aprendizaje del castellano del protagonista sea narrativamente algo que aporte, porque hablamos de adaptarse, de cómo se configura la identidad.

¿El Premio Especial del Jurado en San Sebastián es una especie de final de camino?

El galardón lo sentimos con una alegría inmensa y, a la vez, sentimos que nos falta una más [en clara alusión a ganar la Concha de Oro]. Quizás a la siguiente película, dentro de tres o igual nunca (ríe). Fue una gran noticia y nos emocionamos mucho. Sentimos que Handia ha salido muy reforzada del festival, porque cuando te seleccionan es una alegría, pero no sabes cómo será recibida. Loreak salió reforzada sin premio y ya con eso firmábamos, pero haber obtenido el Premio Especial del Jurado, la refuerza todaía más.

¿Por qué decidiste ser director de cine?

Seguramente no pueda expresarlo en palabras, porque me supera. No podría decir algo racional y contar todo lo que siento acerca de ello. Quizás es porque desde pequeño cuando veía películas quedaba hipnotizado y no me las podía sacar de la cabeza durante semanas y, en cambio, mis amigos las olvidaban con facilidad. Esto conlleva a que, según vas creciendo, te entre la curiosidad por saber cómo se hace eso y descubrir qué fuerza tiene para que te siga enganchando. Estudié Empresariales, pero en el último año de carrera, me entró el gusanillo y tenía que probarlo. Entré a estudiar cine y ahí conocí a los que ahora son mis socios (se refiere a José Maria Goenaga y Jon Garaño, con quienes ha trabajado en Loreak y Handia). A partir de ahí, siempre he tenido la sensación de estar haciendo lo correcto, que es mi campo y aunque muchas veces me queme, debo continuar por ahí.

Alain Garrido.

Enviado por: Alain Garrido el 18/10/2017