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D’A 2017: La rotundidad de una ópera prima con ‘Júlia ist’ y el coqueteo con el terror de Assayas en ‘Personal Shopper’

Júlia ist

El festival barcelonés vuelve a ser un escenario ideal para la presentación de títulos de directores emergentes del panorama nacional. En esta ocasión, el debut de Elana Martín la protagonista de 'Les amigues de l'Àgata'.

Les amigues de l’Àgata, una de las mejores películas españolas estrenadas el pasado año, revolucionó el D’A de 2015. Era un proyecto final de máster de la Universitat Pompeu Fabra, dirigido a ocho manos, cuatro jóvenes directoras y protagonizada por cuatro actrices debutantes; con más garra, veracidad y talento que otras obras de directores patrios. La protagonista, Elena Martín (es decir la Àgata del título) ha terminado el mismo máster y ahora presenta el resultado: Júlia ist, otra rotunda ópera prima que puede verse como una secuela espiritual. Su Júlia, interpretada por ella misma, es como si Àgata se hubiese ido de Erasmus a Berlín.

No obstante, hay que despojarse de ese otro film para poder hacer justicia a esta nueva propuesta. Martín consigue condensar una etapa crucial (la primera emancipación mediante el Erasmus) con una sensibilidad y realismo muy reveladores. La llegada a una ciudad totalmente desconocida, sin ningún enlace y con la añoranza de sus seres queridos (la familia, las amistades y, pese a la elección de abandonar al novio, la pérdida de su mayor confidente) servirá para que Júlia acepte su propia soledad. El entorno es adverso: el clima polar, la aspereza de sus compañeros de universidad y la propia actitud hermética de ella.

El cambio de estaciones, de invierno a verano, van ayudando a Júlía a abrirse más y a sacar su libre albedrío sin prejuicios. Ahora bien, el Erasmus es un mero contexto para retratar la juventud de aquí y ahora con cierta melancolía por lo anhelado, aunque ni la misma Júlia sepa cuáles son. Una dirección con soluciones visuales potentes, una Elena Martín entregadísima en su desdoblamiento en pantalla y una cuidadísima fotografía arropan una sólida y estupenda ópera prima.

En el lado opuesto, Olivier Assayas, director galo que no necesita presentación tras tres décadas cosechando galardones y elogios en los festivales más prestigiosos. Con su último trabajo, Personal Shopper, no recibió precisamente aplausos en el último Festival de Cannes, pero en el D’A ha quedado claro que los palos recibidos eran totalmente injustos. El cineasta apuesta por un relato sobre la superación del duelo mediante un coqueteo con el terror, tan arriesgado como inteligente, que desencadenó las feroces críticas.

La protagonista es Maureen, una joven estadounidense afincada en París que trabaja como asistente personal de moda para una celebridad. En la capital gala está de paso, esperando comunicarse con el espíritu de su hermano gemelo, fallecido unos meses atrás. Kristen Stewart, cada día mayor actriz, lleva a cuestas el peso de la película que también puede leerse como un estudio sobre la identidad mediante la mimetización con otros; brillante la escena en que Maureen decide finalmente imponerse a las prohibiciones de su trabajo y se viste con los atuendos de su jefa.

Assayas desconcierta con esta aproximación al thriller sobrenatural y a las historias alegóricas más propias de un Roman Polanski o Brian De Palma. No siempre funciona esta historias, quizás por una ambición desmesurada, quizás por alguna secuencia algo ridícula, pero el magnetismo por su puesta en escena y la exploración de un personaje fascinante articulan un relato con varias capas por escarbar.

Alain Garrido.

Enviado por: Alain Garrido el 02/05/2017